74 días en Kenia: Miscelánea sobre Nairobi. I PARTE

Mi abuelo era escritor. Escribió y publicó tres libros, todos sobre Canarias, y me dejó en herencia otro para que yo algún día lo editase por él. Ese gran volumen de hojas y hojas redactadas a máquina, con anotaciones en los lados, sigue en mi lista de tareas pendientes. Pero, tranquilos, ahora no voy a empezar a hablar de mi abuelo, es que esto viene al hilo en relación a miscelánea: el título que utilizaba mi abuelo para cuando quería apretujar un montón de historias diferentes en un mismo capítulo, todas con un nexo común: Canarias.
Pues siguiendo el ejemplo de mi abuelo ahí van mis misceláneas sobre  Nairobi:

Han pasado muchos rayos de sol desde que partimos de Enkerende. La vuelta fue como la ida, en coche, que compartimos con Raúl, Cristina, Jacobo y Raquel. Un regreso a casa entretenido, con dos horas de parada en Narok, la capital de Masai Mara, que con la nueva constitución será capital del Distrito y tendrá más poder. Lo de estar tanto tiempo ahí fue porque al 4×4 se le jodió un tanque de gasolina y no pueden imaginar la que liaron en el taller para vaciarlo. En fin, llegamos sucios, llenos de tierra y encantados  de nuestra aventura, dispuestos a retomar nuestra vida en Nairobi.

Francis y O

Las Navidades terminaban. Despedimos con una gran cena en Casablanca a Jacobo y Raquel, propinamos con grandes piropos a nuestros anfitriones y celebramos con otra gran cena en casa el fin de las fiestas. Fue nuestra primera cena oficial a la que acudieron Raúl y Cristina, O y Francis, su hermana, e I, que se descubrió como un gran cocinero vasco. Ahí, la amistad entre Julio y Raúl ya la percibía inquebrantable- se denominan “golfo” el uno al otro, así que pueden imaginar el gran cariño que se sienten-, y nuestra adoración por O y Francis cada vez se iba intensificando más.

Seguimos nuestros días en Nairobi, con un verano que cada vez era más cercano, acostumbrándonos a los pasos de los keniatas, a los largos paseos de un único ritmo de los paisanos, porque caminan y caminan. O escribió en su blog: AKICHA sobre este tema y la observación es más que acertada. Si tienes un momento y te paras en cualquier calle prestando atención a la gente, será inevitable darte cuenta de sus andares. Siempre a las mismas horas, yendo y viniendo del oficio, con el mismo paso, todos juntos dirigiéndose a lejos destinos por calles inexistentes. Siempre es así.

Nosotros ya vamos copiando los pasos de la gente de aquí y en esos pasos encontramos a Mister Wafula. Ointimó con otra española que anda perdida por Nairobi, Nuria. Está aquí con su pareja y no desaprovecha la ocasión porque es la tía más enérgica que pueda haber por estas tierras.  En su manía de relaciones públicas, O nos la presentó y gracias a ese encuentro, además de hacer una nueva amiga, conocimos a Mister Wafula, el profesor de inglés de Nuria que se convirtió en el nuestro.

Conociendo a Mister Wafula

Las clases particulares de inglés son muy baratas aquí, al contrario que todo lo demás, por lo que no hay que desaprovechar la ocasión para perfeccionar el idioma. Así que ahí vamos, Julio y yo, dos veces por semana a charlar con Mister Wafula. Es un hombre dedicado a su profesión, tiene un inglés perfecto y un método de estudio inmejorable. Nunca he tenido un profesor mejor, la pena es que es un poco impresentable y a veces se come el tiempo hablando por teléfono o desapareciendo. A pesar de ese detalle, un minuto con él está muy bien aprovechado, así que lo dejamos pasar. 
Mister Wafula no tiene desperdicio y podríamos pasar horas hablando de él. Julio dice que se parece a Obama y realmente tiene tal don engatusador de gente que bien podría presentarse para las próximas elecciones del país. Hablamos de todo con él: sobre el país, la política, las costumbres de las familias, las tribus, el deporte… Un día le pregunté que qué pensaba de su presidente, a lo que respondió muy diplomático: “Creo que es un hombre muy mayor y muy cansado, que ya debe irse a su casa a descansar”. Me parece una respuesta muy buena, porque sigo sin saber lo que piensa del viejo Kibaki.
La mala manía de manipular

El caso es que con nuestra llegada a la escuela de Mister Wafula nos topamos con otra de las costumbres de los keniatas: su ilimitada manía de manipular. Es agotador, de verdad, porque siempre intentan que vayas por dónde ellos quieren, con el dinero, con los caminos, con la comida… Muchas de las ocasiones gastas más de lo que quieres, comes lo que no te apetece y terminas haciendo lo que ni esperabas, ni deseabas… Como los cangrejos tienes que aprender a dar pasos atrás. A mí especialmente me engatusan de tal manera que mi mente se paraliza y hasta media hora más tarde no me doy cuenta de que eso no era lo que yo quería. Vuelvo a casa con cara de idiota y termino diciendo: “ya me la han dado”.  Esto me pasa muy a menudo sobre todo en los mercadillos. Pero, en fin, será cuestión de tiempo.
Pues en la escuela me la dieron. Mi primer día fui decidida a tener cuatro horas de clases particulares a la semana, por la tarde, repartidas en dos días, por cinco chelines keniatas. Pues, tras hablar con Mr. Wafula, terminé acordando ir a clase por las mañanas, una hora, con un grupo de chinas que ya había comenzado, y sobre las horas que me faltasen, ya hablaríamos, todo por 10.000 chelines keniatas. Me fui a casa nada, nada convencida, y pagando cada céntimo que me pedían. Ahí Nuria me salvó y con mucha determinación arregló las horas para que fuese como yo quería, pero a la hora de devolverme la diferencia del dinero eso fue otra cosa.
La secretaria de la escuela también tiene la habilidad de engatusarme. Es muy simpática y se ríe mucho conmigo, pero no pierde la manía de torearme. Así que dispuso de mi dinero y dijo que lo guardaba para el próximo mes. Mi mente, de nuevo, paralizada hasta que llegué a casa. Es que aquí las cosas se olvidan y los acuerdos pasan a otros términos con el tiempo, así que no me las veía todas conmigo.
Para no aburrirles, llegamos al desenlace de esta historia cuando Julio también decidió ir a clase. Entonces acordamos que él aprovecharía mi vuelta para pagarse parte de sus horas. Estuvieron dos semanas tonteándonos con este tema. Julio hablaba con la secretaria y ella le decía que hablaría conmigo; hablábamos y acordamos lo que yo pretendía, pero Julio volvía y la cosa había cambiado, así que tendría que hablar conmigo otra vez… Y así cada día, hasta que una de esas tardes a Julio se le calentó las narices y no se movió de allí hasta que pudo pagar sus clases con mis vueltas, gracias a una conversación cargada de lógica y razonamiento…. que eso tampoco se lleva mucho aquí. 
Yo al día siguiente llevé caramelos a la escuela y le di a la secretaria un caramelo “por la paz”, así le dije con una sonrisa picarona…Es que ya empiezo a manejar las tácticas de aquí. Bueno, desde entonces se piensan que Julio es muy severo y yo muy dulce. ¿Se lo pueden imaginar?    
¡Uy! Me he extendido un montón en mi primera miscelánea, así que intentaré ser más aplicada para los días siguientes. Me queda tanto por contar. El próximo día me saltaré cositas para hablarles de nuestro encuentro con las mexicanas, Marlene y Xochitl, y nuestra visita a Kibera. De Mr. Wafula también queda mucho por narrar… Así que, pole, pole…
Hoy llevo 74 días en Kenia. Julio, 80.

En estos días tenemos visita: Alberto y una amiga suya, Sagrario. Nos han traído un montón de cositas: ropa para los keniatas, que nuestra Judit ha agarrado con una felicidad imposible de describir; jamones, quesos y vinos, que estamos devorando como si en nuestra vida hubiésemos probado tal manjar; nuestro estupendo tabaco, que disfrutamos como si de un producto de lujo se tratase; chucherías para mí, preparadas por mi Ratita con dulzura y mucho cariño –gracias amor, que sepas que llevo la hortera pulsera del poder naranja todo el tiempo-; y lo mejor el calor de nuestro amigo, Alberto. Ahora mismo, la pareja está en el Camp de Enkerende disfrutando de los animales, de los masais y de la hospitalidad de los enkerendes.

Otra cosa: me he enamorado de un bebé. Me tenía que pasar. Está tan indefenso, sucio, desprotegido. Es tan mudo, tan inocente, tan pequeño, que me he enamorado de él, y en lo único que pienso es en cómo hacerle la vida más fácil. Ya les hablaré de mi bebé…
Y eso es todo por hoy: besos, abrazos, enormes sonrisas a todos. Les queremos y les echamos errores y horrores de menos.

5 comentarios

  1. Vaya, el truco del caramelo por la paz no se me había ocurrido. A ver si le llevo unos cuantos a mi nueva directora, que me odia literalmente, aunque tal y como se plantea la cosa ni con una caja roja de Nestlé….Qué dices de un bebé! Cuenta, cuenta. Bsss a los dos.Leila

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  2. Hola hola!!. Nos gusta lo miscelaneo, y si lo escribes tu y encima así, más aún. Pero claro, ya nos habeis dejado con la mi….. en la boca otra vez, UN BEBE!!!??. Por Dios, cuenta cuenta ya!! corre!. Besos de Rebe y Kiko.

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  3. Ay! la que he liado. Qué no pasa nada con mi bebé. Que no me lo llevo a ningún sitio. Sólo que me ha llegado al alma….pero, no lo adoptó. Eh!. Ya les contaré. Besotes a nuestros incondicionales. Pd: A los demás. Un día, me gustaría sabes quiénes nos están leyendo. Así que gandules, sólo un día, escriban un comentario si leen los post y digan hola.Besos enormes

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  4. Siempre que puedo entro para leer tus aventuras… Estoy enganchada y emocionada…Cuando empezaste a hablar de abuelo, me divertí montón, más te valdría hacer un best seller de nuestra familia que continuar la herencia, pero yo te animo…Nunca encuentro tiempo para escribirte por aquí, porque en España los recortes en sanidad nos están matando, y nos han aumento la jornada laboral a los médicos, fundamentalmente a costa de los residentes, pero bueno eso ya te lo explicaré por e-mail…Por favor sigue escribiendo, porque para los que te echamos de menos, seguirte por aquí es un privilegio…Un beso enorme a los dos!!

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