Mi trastero

Desde armarios con polillas a alfombras enrolladas, pasando por corazones rotos...


En el hoy

Aprender a escribir chapuzas en el después…

Mi ex-cuñada Eva me mandó por Facebook un enlace de Malasmadres #merceserreconocida #ellascuentan2021, de mujeres, madres e hijas, que, entre otras cosas, cuentan sus vivencias con el cáncer. Sin duda, mi linda Evita piensa que yo puedo aportar algo. Pero yo no soy ni madre,ni novia, ni esposa, y ya ni hija. Ni siquiera siento tener mérito profesional. Cuando me voy a esas páginas, intento buscar dónde encajo y no lo encuentro. Excepto en lo del cáncer y en la necesidad de compartir. Así que vuelvo a compartir. Aunque sean chapuzas. Y a mi manera.

Postales y sobres en mi buzón, de La Ratita

Silvia Del Fresno. Chiquitita, menudita y con unos ojos muy expresivos. Sencilla y presumida, humilde y orgullosa, una pequeña llena de grandeza. Sabe más por lo que calla que por lo que dice. Es una de esas personas que, si tienes la fortuna de acompañarla durante la vida, puedes observar como va creciendo, se va superando, se va engrandeciendo, y como va por el camino de ‘¡Anda mira este escalón también lo he superado!’.

16 chutes en el ‘Ático de la Quimio’ ¡Gracias mil!

19 chutes ineludible de dosis de quimioterapia en siete meses. Ese es el tiempo obligado que he tenido para conocer a las profesionales que trabajan en la tercera planta de la trasera del Hospital Insular. Esos son los meses en los que he recorrido ese largo pasillo para encontrarme en la sala redonda, en el cubículo del cuadro del paisaje, en la camilla del chute. En esa cita repetitiva las he conocida a ellas: a las enfermeras y auxiliares que trabajan en el ‘Ático de la quimio’.

Y EN EL AYER

¡Cuenta conmigo!

Llevo cinco chutes. Así llamó yo a las sesiones de quimio: Chutes. Dicen que estos son los ‘chutes buenos’. El adjetivo es una falacia. Dicen que cada uno lo siente de una manera y que cada cuerpo y mente padece unos síntomas más que otros. A mí el ‘chute bueno’ me está hundiendo. No me da respiro para recuperarme. A cada segundo, me recuerda lo enferma que estoy y, como limosna, solo me deja respirar un día a la semana.

La historia de La Bienquerida y el TristeCatavinos

Me encantan las etiquetas de las botellas de vino. La mayoría de las veces elijo un vino solo por su etiqueta. Si su nombre es original, su logo es extravagante o si tiene un mensaje oculto, una ilustración diferente. Así elijo yo los vinos porque pienso que si se han molestado en hacer algo tan diferente, bonito, pensado para un vino, este no puede ser malo. Está mimado, está sentido, está querido.

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  1. Hay Matilde! Esos días excepcionales son fantásticos y deberían ser obligados una vez al mes por lo menos En cuanto…

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