Prepara las maletas

‘Prepara las maletas’. La última frase de Kani vs Cani, antes del ‘adiós’ y del colgar.

Desde hace un tiempo a esta parte Cani y yo siempre entonamos la misma cantinela en nuestras conversaciones telefónicas. En realidad, es ella quien lleva la batuta, pero sin duda yo bailo al compás de su tono. ‘¿Qué haces ahí? ¿Qué haces ahí? ¿Qué haces ahí?’ Es su gran pregunta de cada llamada. No le falta razón.

Ya me la tomo tan en serio que hasta mi inconsciente sin pretenderlo me ha impuesto la tarea de tirar y tirar cosas. No paro de desechar. Me entran impulsos irrefrenables de coger bolsas de basura y tirar cualquier cosa que no haya utilizado en tres meses mientras me digo ‘¿Esto p’ qué lo quiero?’. Estoy acostumbrada. Me he pasado la vida desechando lo prescindible. El problema es que no me he quitado la manía de volver a recolectar chucherías sin sentido. Me pesan, siempre me han pesado.

Sé que soy capaz de vaciar tanto mi vida que puedo llegar a quedarme con dos pantalones y tres camisetas.

Sé que soy capaz de volver a desalojar todo mi mundo en menos de dos semanas.

Sé que soy capaz y también sé lo que conlleva.

En la vida no he parado de repetirme el mismo mensaje. Esto no lo quiero. En la ropa, en los muebles, en los libros, en las casas, en las ciudades, en los trabajos y… en los conocidos, a los que con soltura llamamos amigos; a la familia, aquella que no se ha hecho conmigo; a los amantes, esos que son tan humanos que siempre traicionan.

No he parado de alejarme de todo lo que me rodea cuando noto que me incomoda. No tengo reparos, no tengo prejuicios, no tengo miramientos. 

Me lo tengo que mirar porque a estas alturas me he vuelto una irreverente social. No se equivoquen, me queda mucho que no voy a tirar. Pero, ya les digo yo que con oro no me van a enterrar, porque en mi vida lo que no queda es algo material.

No deseaba irme de Madrid de estas malas maneras. Quería volver con el alma relajada. En paz. Con la sensación de que las decisiones pasadas me llevarían a destinos correctos. No tengo ni idea de si hice bien o mal. Lo que sé es que cuando tomé la decisión de marcharme de Gran Canaria lo veía necesario. Tan necesario como hoy siento que el volver a mi tierra es otra decisión que, en esta ocasión, no puedo desechar. Me atrae, me impulsa, me absorbe.

Es curioso. Tan curioso. Me envuelve la necesidad de estar con mi crianza. De rodearme de mis antiguos. Deseo tomar un café todas las mañanas con mi prima, Ele. Le necesito a mi lado. Deseo en mis paseos tocar en el portal de Cani y tomar una charla y una birra de tarde con ella. Deseo tumbarme en la arena junto a Ara y disfrutar de su compañía en silencio mientras leo un libro. Deseo a media mañana darle un toque a Virgi para saber si tiene cinco minutitos de café. Deseo ir un domingo cualquiera a casa de Mavi a saborear algunas de las delicias que prepara en su compañía y su escandalosa risa. Deseo escuchar atentamente las terroríficas historias de mi amiga Leila, la forense, que cuenta siempre con tonos de humor por dramáticas que sea. Deseo recibir yo a la Bello cuando vuelva de Barcelona y deseo con orgullo admirar a Mapi interpretando un texto mío en El Cuyas ¿Y por qué no?

Deseo compartir una larga charla de comida con mi excuñada Eva y hablar del azul petróleo. Deseo ir a casa de mis tíos para que con severidad no me permitan quejarme. Deseo retomar viejas amistades, saber de ellos, que sepan de mí. Y, sobre todo, deseo tocar en el portero automático de mi prima Mónica para abrazarla, consolarla, llorar con ella su traición, porque deseo tanto quererla. Deseo tanto que se sienta querida.

Me cuesta porque cada día estoy más cansada de volver a empezar. Me cuesta porque sí, porque me da miedo la reacción que puede provocar algo que no desecho, que me acompaña como una garrapata. Porque me da miedo que mi incondicional inconformismo empiece con su matraquilla cuando decida volver a tirarlo todo, para irme con un coche y un perro a mi tierra, a mi isla, a mi ciudad, a mi vida.

¡Cómo se le ocurra darme por culo! ¡Cómo se le ocurra! En esta ocasión no volveré a desechar ni cosas, ni personas de mi alrededor…. Cojo el bolígrafo de las ideas y me hago una lobotomía.

Hoy se lo dedico a un nuevo desecho, Madrid, y a algo que voy a intentar recuperar, las Canarias. 

 

 

 

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