Todo es mentira, me dice la Cani

-No me digas ni cómo estás porque sé como estás-. ¿Y cómo lo sabes? Le pregunto.

-Pues porque no dramatizas. Estás comedida. Por eso sé que no andas bien-

Es la primera frase de Cani en su llamada.

Pienso mucho en ella. Intento recordar momentos en los que me sentía viva. Y Cani casi siempre está en ellos.

En las Navidades pasadas. Una de esas tardes que me agobiaba el aburrimiento por dar tumbos sin sentido, decidí volver a casa caminando desde el Puerto hasta la Fuente Luminosa. Por el camino, le llamé.

– ¿Estás en casa?

Si.

– ¿Te parece que haga una parada de camino a la mía? Llevo un par de cervezas.

Compré un par de botellines y desvié mi rumbo para tomarlos en su compañía. Charlamos un poco al aire libre. Sentadas en un muro, frente al apartamento de repuesto que sustituía a su casa en reformas. Yo me quejé de alguna cosa. Cani se burló de alguna otra. Di los besos de buenas noches a su rubita, apodada por mí El Pequeño Demonio de Tasmania, y seguí mi camino.

Ese momento tan simple fue familiar. Agradable. Y me metió en la mente que a lo mejor era el momento de volver a Las Palmas solo por tener esos momentos simples y agradables de vez en cuando.

En la llamada de hoy, Cani me dice –Todo es mentira L- Todo es mentira. Nos han metido en la cabeza tantas mentiras-. Mira yo, que me sentía flipada, gorda y cansada mientras todos me decían que estar embarazada es muy bonito. ¡Qué va a ser bonito!- Cani me saca la sonrisa con esas genialidades. Consigue convertir en terrenal aquello que otros tachan de idílico. Y eso me encanta.

Y cuando me preguntan ¿Pero todavía lleva pañales la niña? o ¿No le quitas ya el chupete? ¿Y yo qué sé cuándo hay que hacer esas cosas? Si no fui madre antes…. ¿Recuerdas esas cosas que nos contaban cuando eramos niñas?…Todo es mentira. 

Me río con esas expresiones suyas que me alivian tanto de tanta imperfección perfecta.

Hace tiempo que no escribes-. Constata. Leí algo que iba dirigido a alguien. El casado ¿no? 

– Sí -le contesto-Ya sabes esa manera mía de despedirme con letras no pronunciadas-.

Pues sigue escribiendo- me ordena. –Algo de risa-.

– Cani, cariño, yo no tengo nada de que reírme-. 

Lo tuyo es la miseria L. Eres una experta en la miseria. Y más experta eres en trasladarla con humor-. 

¿A ti te parece- le pregunto- que hay algo de humor en la miseria?.

-Lo que sé que es todos nos sentimos identificados con lo que escribes. Lo que pasa es que los demás no lo decimos. Vamos andando con nuestras mentiras. Por eso nos gusta leerte. Cuentas cosas que otros sentimos en silencio-. 

Cani tiene la virtud, el defecto o el talento de meter cuatro temas en la misma conversación, así que entre la charla sobre mis letras se desvía a: – Bueno, yo creo que ya es el momento de que sueltes esa casa, cojas a tu perro y vuelvas a Las Palmas. Vente ya, que allí ya no pintas nada. Y esas birritas nos las tomamos ahora en mi nueva casa. Que se está de lujo. 

-Sí Cani. Tienes razón- le digo- Aquí no pinto nada.

Se están moviendo cosas- continúa atropellando mi nadaAsí que te vienes p’ acá y te pones con lo tuyo que es escribir. Que es lo que tienes que hacer y es lo que sabes hacer- Y yo  p’ mí me pregunto, pero… ¿Cómo me gano la vida con esto?

Tienen que vender la casa. Yo te la vendo. Aunque no me lleve nada. Y vente p’ aca

Sí, pienso, hay que venderla, pero yo no me meto en ese berenjenal que no tengo energía. -Tienes razón- Le digo- porque cuando Mapi se vaya de Madrid, menos sentido tiene mi vida aquí-. El problema, y esto vuelvo a pensarlo en silencio, es que no sé dónde tiene sentido.

-Te tengo que dejar que tengo compañía y cojo el coche-

-Vale Cani.

– Hablamos esta noche-

-Vale, cariño, le respondo sabiendo que no hablaremos esta noche.

– Te tienes que venir L. Te tienes que venir con tu familia. Con los que te queremos. Que somos pocos, pero somos los que te queremos-.

-Más que suficiente para mí Cani-

Te tienes que volver y ponerte a tu talento… que es escribir

En fin. Tras colgar he encendido el ordenador p’ ponerme a eso mío que dice Cani que tengo, contar lo que otros no cuentan, robar un poco de ese todo a la mentira y sentir algo de compañía.

Hoy, está dedicado a Cani, claro… y a su terrenal genialidad. 

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