El remate final

En Diario de una adicta emocional

El remate final

Pasé al silencio consciente de que me quedaba el remate final, observando las miradas de una y otra.

Bueno, no sé sabe L, sentencia mi Ele. Tiene que pensar. Son decisiones difíciles y los hombres no suelen tener valor. Puede que vuelvas a saber de él…

No, Ele. Le interrumpí, porque ya sabes que después del llanto viene la rabia. Asentimos a tres bandas conocedoras todas de que éste es el siguiente paso innato del proceso de duelo.

Bueno, pues yo mi llanto me lo quedé p’ mí, pero la rabia se la regalé en forma de email. De los buenos, Ele, ya me conoces, de los buenos.

¿Te contestó? Me preguntaron las dos con gesto de esperar sorpresas.

No, claro que no. Les respondo echando por tierra sus ilusiones infantiles. ¿Quién contesta a un email de rabia? Ya saben, el que calla, otorga.

Con dos copas vacías en la mesa y la mía a medio beber, dando por concluida mi aventura o desventura, volvieron las tres que faltaban del grupo, que sin saberlo sustituyeron mi penoso final de desamor por tiendas de Fuencarral.

Y así, calle abajo, seis cuarentonas de buen talante y mejor talento comenzaron a pasear para iniciar nuevas conversaciones que tratarían sobre lo que realmente a las seis les importa: la Vida.

En ese paseo, ya en la intimidad de dos primas, le digo a Ele sin un ápice de humor:

  • ¿Sabes qué me hubiese gustado, prima?
  • ¿Qué, L?
  • No tener razón. Que me hubiese demostrado que me equivocaba. Por una vez no quería tener razón.

Este día fue bueno. Rompí el autismo, moví las piernas e hice terapia. Conocí mejor a mujeres que merecen conocerse, descubrí retales de sus vidas que se ensamblaron a la mía. Me presentaron sitios nuevos, como la Tasca de Celos y Manolo, donde mi estúpida mente se dijo a “Él le gustaría este sitio”, o Los Jardines de Salvador Bachiller, donde demostré nuevamente mi mal carácter y falta de paciencia con la inexperiencia del servicio.

Antes de despedirme, Ele y yo profundizamos como siempre hacemos. Creo que nos repetimos los mensajes para asegurarnos de que vamos por el mismo camino.

Y le confesé: No sé prima. Yo lo tengo tan claro. Tengo tan claro qué es lo que importa en la vida. Como si fuese una religión por la que se siente una firme creencia. Tengo tan claro que lo que importa es vivir cómo crees que debes hacerlo, no como te han enseñado. Tengo tan claro que seguir la corriente, o a lo establecido, o poseer, o disponer, o aparentar no es un fin en la vida. Lo tengo tan claro que me apena, que tengo ganas de abrirle los ojos.

Ele, como si tuviese mi pensamiento me contesta. Depende de él L, lo sabes. Tú no puedes hacer nada. Cada uno elegimos nuestro proceso y nuestros tiempos.

Lo sé, le respondo con pena. Lo sé. Pero es que….

Le veías potencial ¿No? Termina mi frase.

Sí, es eso. Le veía potencial. ¿Qué hago, prima?, le pregunto con resignación.

A lo que mi prima, la bruja, responde: Escribe, L. Yo te veo escribiendo. Es lo que tienes que hacer.

Y, con la certeza de que ese es mi destino, como comenzó esta historia, terminó, con un fuerte abrazo de amor entre primas. Bajé la calle de Montera para ir al metro de Sol. Me puse mis cascos conectados al Spotify, seleccioné la lista ‘Hasta los Ovarios’ para salir del mundo y ahí lo dejé siguiendo su camino mientras yo volvía a mi confort, con mi inseparable amiga, la querida Soledad, para… escribir.


Dedicado, cómo no: A mi prima Elena Meneses Diaz, Maria Del Pino Kyri, Marisa Vizmanos y Ana Eguiguren Montes, que me inspiraron ayer, a Elisa Colina Naranjo, que le pido que esta vez lo lea, habrá algo de risa y sí, lo siento, también te hará pensar, aunque sé que no te gusta. Lo entiendo.
También se lo dedico a Mapita Placido, mi representación teatral, a la Ratita, Silvia Del Fresno, que vivió mi presente, a Aubin Hernandez, él sabe el por qué, a Arantxa Summeriscoming, con la que ahora mismo me voy a comer una paella, que seguro sabrá peor que la conversación, y a mi socia, Cristina Hdez, a la que le agradezco que no diga: “Ya te lo dije”.
 Y se lo dedico a M. FEO, Mestre, Fran, Este y/o Oeste. De apellido Necio Pecio.

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