Taconazos p’ pisotear la rabia

Un despropósito absoluto. En menos de cinco días camino por un despropósito absoluto.

En menos de cinco días he hecho la maleta dos veces. La mía y la de mi perro, cuyo nervio simpático me desespera cada día más.

En solo cinco días me han abandonado dos hombres, uno en el que sigo confiando y al que perdono, y otro al que solo quiero abofetear hasta hacerle sangrar.

En solo cinco días me veo obligada a llamar y llamar sin éxito hallar a un perdido de la vida que irónicamente se llama Leal, al que nunca quise conocer y que por necesidad su ayuda acepté, a ver si recupero mi móvil que por accidente le permití sustraer.

En solo cinco días escribo con absoluta y firme seguridad a otro inútil que con el nombre ridículo de Justo debo comenzar los email repetitivos que le envío a ver si con el erre que erre consigo que el trabajo por el que se le contrató consiga terminar.

En solo cinco días me indigno con la puta compañía de móviles que todos los días me incordia a la hora de la siesta para con alegría ofrecer una sorprendente promoción. Me indigno con el puto Jazztel porque resulta que sí está de días libres cuando sus clientes necesitan de sus servicios por emergencias. Y aquí sigo esperando a que los insoportables incompetentes con mensajes repetitivos que faltan la inteligencia de la humanidad me faciliten el acceso al mundo actual.

En solo cinco días me desespero con excusas de otros, que me utilizan a mí de excusas propias. Que no me repitan los motivos, las razones, los mensajes. Que los comprendo, que los entiendo, que avancemos, coño. Que avancemos.

En solo cinco días me he hartado, me he Jartado, de mi propio acento y tono cuando ya sé que mi paciencia se ha ido de vacaciones por tiempo indeterminado, porque la muy puta ni una nota de aviso me ha dejado. 

Y en solo cinco días vuelvo a los mensajes de  cuatro meses atrás: QUE NO. Que no quiero eso. Que lo quites. Que lo elimines. Que es mío y no lo quiero ahí. Pero no vale de nada decirlo a gritos, decirlo con pausa, telegráficamente, por email. Que no vale de nada y yo sigo, erre que erre, como un lorito: Que lo quites coño. 

Y en solo cinco días me entran ganas de mandar a la puta mierda la diplomacia y mostrar lo ‘Jaaaaartita’ que me tienes y enseñar hasta los mismísimos ovarios para que me des mi pasado. Que lo tienes tú ¡joder! Que me des mi puto pasado. 

Y aquí me tienes, en solo cinco días echando en falta el sexo. Pero del bueno, pues es de los pocos remedios infalibles para agotar mi mala hostia, mi grandiosa mala leche.

Y eso, que en solo cinco días me he trastocao.

Y aquí me tienes, escribiendo, con taconazos p’ pisotear la rabia. 

Y aquí me tienes gruñendo al aire. Resoplando y endemoniando a todo y a todos, y en solo cinco días.

Y aquí me tienes en solo cinco días, taconeando encima de la rabia, con ganas de perder la cordura y empezar a taconear en el alma de todo el que se lo merece. 

Y aquí me tienes… con los pies destrozados de tanto taconear mientras la rabia sigue igual. 

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