68 años después

Hola,

¿Qué no me conoces? Pues me tienes muy vista. Entiendo. Lo que no reconoces es mi voz. Es que no soy muy charlatana. Me presento en tu casa todos los días, pero muda. Rara vez me apetece hablar. ¿Para qué? Si no me escuchas.

En fin. El caso es que de vez en cuando necesito ejercitar las cuerdas vocales para que no se atrofien. Pero a mí no me gusta hablar por hablar, así que busco un buen tema de conversación porque mi ego es grande, como mi barriga, por lo que, diga lo que diga y cómo lo diga debe ser, sin duda, de gran atracción. 

68 años después 3

Pero, ¿Qué cuento? Soy una gran observadora. Qué remedio me queda. Desde ahí arriba uno de mis ejercicios favoritos e inevitables es el de observar. El otro, igual de inevitable, es el de bambolearme mientras me transformo. Son mis dos aficiones.

Y observo muy bien. Les observo a ustedes. A todos. A ti.

Francamente, me tienen cansada. Todos. Tú. Por eso me he decidido no solo a hablar, sino también a participar. Eso de observar sin interactuar, entiéndeme, termina siendo muy tedioso.

No es la primera vez que lo hago. Lo reconozco. ¿Qué quieres que te diga? Una tiene ciertos tics que de vez en cuando se repiten. Hice lo mismo hace 68 años y, por supuesto, para un gesto tan importante busqué un momento aún más relevante: El Solsticio de Verano.

En aquella ocasión, la charla, o mejor dicho, la oratoria, porque nunca nadie participa en mis elocuencias, versaba sobre una de tantas historias que observé. Me dio por contarla. Pero nadie tomó apuntes, así que desapareció en el tiempo. Circunstancia que he aprovechado ahora, 68 años después, para entretener mi aburrimiento. Porque, como ya te comenté, me tienes muy aburrida. Tú. Todos.

Francamente, se han echado a perder, hasta tal punto que a veces me entra el coqueteo que provocar otra guerra mundial o un grandioso desastre natural. A ver si así les viene la cordura y se dejan de tanta gilipollez. Te dejas de tanta gilipollez.

No se ofendan. No te ofendas. No lo digo con ese ánimo. Es que no hay otra manera que reflejar la realidad. Además, no tengo tiempo para sutilezas. Mis cráteres están oxidados y cuando me da por abrir una grieta, ésta tiene el capricho tonto de funcionar solo por 30 días o, mejor dicho, noches.

Por esta penosa circunstancia producto de mi vejez, la historia en la que me entrometí, o provoqué, o me inventé, dura lo que dura. 30 días o noches. Para ser más precisos, 29 días, 12 horas, 43 minutos y 12 segundos.

Como te decía, esta historia no surgió por azar, la provoqué. Me la inventé porque las que ustedes me cuentan me tienen más aburrida que estar colgada aquí desde la eternidad.

¿No sabes a qué me refiero? Por favor. Cada vez están más tontos. Estás más tonto. Se comportan, te comportas como un zombi. Le das importancia a grandiosas estupideces que para nada alimentan tu alma. Son cobardes. Eres cobarde. Te acojonas con falsos poderes. Se ponen cadenas hasta autoasfixiarse. Son egoístas hasta llegar al insulto. Desprecias a tu semejante. Su inteligencia. Abusan y usan unos de otros. Se siguen las manías como borricos. Tienen…Tienes la mente tan atrofiada que ni buscas. Ni buscan lo que realmente les motiva. Desdeñas las emociones. Sobre todo las de los ajenos. Tu ombligo sufre de obesidad mórbida de lo gordo que se ha puesto.

En definitiva, que aquello que te enriquecía, que les hacía ser indispensable, único en el Universo, se lo han cargado. Te lo has cargado.

Para qué seguir enumerando lo tonto que te has vuelto. Tanto que, ahora que oyes mi cavernosa voz, no me escuchas. Estoy generalizando, por supuesto. Si no hubiese excepciones ya se hubiesen extinguido. Hubieses desaparecido. Pero es que mi ojo cada vez ve más de esto, así que no puedo evitar subrayarlo. 

Ya. Ya sé que divago y que no voy al tema. Pero te aguantas un poco teniendo en cuenta que hace 68 años que no abro la grieta.

Está bien. Ya me muestras otra de tus virtudes: La impaciencia. 

Ahí va. Se trata de una de amor de verano. De 30 días y 20 noches. A 1 o 2 o 3 polvos por noche. Me la he inventado yo. Soy la autora. Como protagonistas he elegido a una ermitaña reconciliada con su soledad y un inquieto jugador harto de la suya. Dos viejos conocidos que me encontré por casualidad mientras hinchaba mi barriga para saludar con todos los honores merecidos al Solsticio de Verano. 

Al verlos de nuevo, después de tanto tiempo, me quedé impactada. Eran ellos. Pero no lo eran. Casi no los reconocía. Y ellos, por supuesto, no se reconocían. Así que para montarme una de amor, que es lo que merece mi amigo el Solsticio, decidí usarlos y provocar el rencuentro. Intuía que iba a ser bueno. Que como mínimo me iba a entretener en este mes lunar tan especial.

Así que, ahí va, 68 años después, señores, señoras. Tontos todos, con alguna excepción. Atiéndame. Atiéndeme…

Con todos ustedes: Una de Amor de Verano. 

Se lo dedico a mi amigo El Solsticio.

@CuentaMatilde

3 comentarios

  1. Hola Laura,

    Es la primera vez que participo en tu blog (aunque ya te he escrito en un par de ocasiones en tu facebook en relación a varios textos de tu blog) y si lo hago es porque me gusta tu forma de escribir y me gusta sobre lo que escribes. Y no lo digo porque lo que escribes me haga sentir bien, sino porque me hace reflexionar, me mueve y me conmueve. Por eso, si con este mensaje puedo contribuir a que no dejes de contar historias, esas que me ayudan a entender el mundo que nos rodea y mi mundo interior, pues será una alegría. Intuyo que nunca vas a dejar de escribir porque se nota que es parte de ti, pero egoístamente espero que no dejes de compartir lo que escribes, que no dejes de conectar y de descubrirnos los pasos que te llevan a transitar por nuevos caminos aunque, al final, sin embargo puedan terminar en lugares comunes.

    Gracias,

    Ruth

    Me gusta

    • Hola Ruth,

      Mil gracias. La verdad es que empecé a escribir públicamente sin pensar en que alguien me iba a leer. Y ahora que tengo público resulta que ha terminado siendo una motivación para seguir escribiendo. Mi agradecimiento infinito porque me motivas y no hay emoción que me guste más que la motivación. Besos y abrazos

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s