Las puertas, el trío y una piltrafa

Las Puertas me llevan a: 
Mi prima Ele, que tiene ocho meses más que yo, está convencida de que somos brujas y que con la edad hemos ido perfeccionando algunas de las artes de tal mágica condición. Dice que inevitablemente lo hemos heredado de nuestra abuela, por parte de mi madre, de su padre. 
Desencaminada no está porque nuestra difunta gran madre nació en Telde, pueblo conocido por las brujas que en él habitaban y habitan. Además, sin duda alguna nuestra abuela era una grandísima bruja.
Bueno, que se me va el hilo. El caso es que, aunque yo para nada llego al nivel espiritual de mi prima, (entiendo que es porque tiene ocho meses más que yo) cada día creo más en su teoría porque la capacidad asertiva de mi intuición es sorprendente. Casi hechizante. 
O eso o simplemente tengo maestría en la observación y con los años también cierto conocimiento sobre el ser humano y su comportamiento. 
Movida por esta intuición, observación o conocimiento, voy tocando en puertas que están apareciendo fruto de la nada… o del destino. 
La puerta del posible no declarado tipo manipulador que, desafortunadamente… o no, se cerró, tal y como intuía desde un principio. El portazo lo dio él… o yo. No lo tengo muy claro. No tiene importancia. Sí la tiene lo que me encontré tras esa puerta: Ilusión y energía. Me di cuenta de que había superado una de mis dolencias y recuperado algo de mí. Tras cerrarla y seguir mi camino, ese algo mío sigue pegado a mis pecas. Bien por el experto en la sugestión. A ver si algún día se lo puedo compensar. 
La puerta de la resignación pacífica y positiva. Ésta la abrí yo para hallar respuesta a una incógnita misteriosa que me rondaba por la cabeza. Sabía que al abrirla me lo encontraría a Él. 

En un tiempo pasado cuando le observaba contemplando y cuidando en silencio las plantas de nuestro mini jardín le llamaba el “Jardinero Fiel” consciente de que le denominaba contrariamente a lo que sabía que era y es. En realidad es el “Jardinero Infiel”. Siempre fue infiel. Practicaba una deslealtad que va más allá de lo carnal. Yo siempre lo supe y sigo sabiéndolo. Él, a ese concepto y entendimiento mío de la fidelidad le llamaba Exigencia. 

En fin. Antes de sellar esta puerta le dije sin sentimiento de culpa, sin ningún ápice de reproche, con serenidad y total seguridad: “No. Lo siento. Tus decisiones son tuyas”. Me quité una carga. cerré la puerta con soltura y una mano juguetona y seguí a lo mío. Sin más y con nada menos que una sanísima resignación.
La puerta de la generosidad y cariño.  La de un reciente amigo que, paradójicamente, éste, sin un ápice de sentirse obligado por mi sentido de la fidelidad o mi actitud exigente -escojan a capricho-, cada día muestra más y más fidelidad hacia mí con su generosidad. Me ofrece tiempo, conocimiento, cariño, charlas, preocupación por mí y su confianza. Incluso amor y tacto. En besos, abrazos… y alguna cosita más. Ahí lo dejo. Piensen lo que quieran. 
La puerta de la vocación. Ésta es enorme, inmensa. Se abre de par en par. Me atrae irremediablemente hacia ella y a su vez me dice: “Te gustará, pero no será fácil y puede que te lleves una gran decepción”. Es misteriosa, un reto. Muestra un camino que parece llevar a un gran laberinto lleno de otras puertas en las que me tendré que parar y decidir

Por ella se escapa un viento fuerte y misterioso. He atravesado esta puerta con cautela. Voy dando pasos firmes y lentos, intentado controlar esa energía que me atrae desde dentro. Estoy entrando movida por la intuición, pero para agarrarme también un poquito al sentido común llamaré a mi prima Ele, la espiritual, que además es abogada. 
La puerta de una piltrafa. La puerta del libro titulado Historia de una piltrafa comprado por un viejo amigo a un gitano. Mi antiguo amigo y ex compañero de estudio está apenado por el cómo y de quién ha adquirido el libro editado por la extinguida Everest. Creo que siente que el mundo de las letras está acabado.

No sé. No tiene tanta importancia mientras el libro esté en sus manos. El caso es que a mí me ha dado una gran alegría que haya abierto esa puerta que le ha traído de vuelta a mi vida. Me inspira su ingenio, picardía, ese extraño sentido del humor irónico y sin sentido, e incluso ese velado coqueteo real o irreal que le acompaña. 
Hace algún tiempo me alejé de él precisamente porque no sabía distinguir o interpretar ese velado coqueteo real o irreal. Eso me asustó. Preferí no averiguarlo. Seis años después con mucha elegancia mi viejo amigo me describe así:” La canariona que recuerdo, de hombros anchos, sonrisa interminable, marcado carácter y voz dulssse…”

Nos contamos pisquitos de vida hasta que me soltó: “No sé, pero de determinadas personas (mi hermana, tú…) no me separaría nunca”. Sin duda, aquellas puertas que te lleven a personas que te describan así o te consideren tan importante en sus vidas hay que mantenerlas abiertas. 

La puerta del destino al trío. Amoroso, sensual, emotivo, emocionante, electrizante, adictivo, armonioso y nada, nada sexual. Los tres abrimos la puerta a la vez, entramos juntos y exploramos agarrados de brazos y piernas en su interior. Es como nuestra casa de toda la vida, es como un hogar a estrenar. Solo para nosotros.  Aquí soltamos los trastos, nos contamos el día, comemos, bebemos cantamos, leemos, observamos, lloramos, reímos, nos emocionamos, agotamos… e incluso dormimos. 
Esta puerta es una droga para los tres. Me chifla esta droga. Me llena completamente. Tanto que cuando salgo por esa puerta para volver a mi falta de rutina viene conmigo la melancolía de la ausencia. Sobre esta sorprendente puerta, estoy segura, escribiré mucho. 

Estoy profundamente enamorada de esta puerta. Tanto que no tengo ningún pudor en demostrar mi amor por ella y tampoco temo enseñarlo. Me siento totalmente correspondida y segura. No le temo, no siento desconfianza, no encuentro jardineros infieles…, ni buenos tipos posibles manipuladores…No los busco, no los necesito.   
Hoy se lo dedico a Elena, mi prima la bruja; el buen tipo posible manipulador; el Jardinero Infiel, al Rana, a Descubriendo. me, Don E… y, sobre todo, a Mapi y Adolfo. 

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