El poder de la sugestión comienza a preocuparme. Vuelven las letras

Últimamente hay un tipo que me habla mucho de la sugestión. Parece un buen tipo y creo que ha profundizado en el término, significado y uso. Eso me preocupa porque soy una completa ignorante en esto de practicar la sugestión. Pretensiones tengo, pero francamente nunca sé si el efecto de algo o el acto de alguien son provocados por mi intencionada capacidad de sugestionar, o si lo que siento, padezco o disfruto es producto de mi autosugestión. Ni puta idea sobre el tema. 
Hasta ahora no me había preocupado sobre este potencial del cerebro y sinceramente creo que lo voy a aparcar. Lo que sí me ronda por las ideas y altera un poco el ánimo es que algún sujeto que ande por ahí tenga talento para manipular a través de la sugestión y actúe sobre mí sin que yo me entere. 
En fin. Por esa duda voy a estar más pendiente de mis neuronas e intentaré cerrar bien las puertas de mi mente y abrirlas cuando yo quiera. Si tocan y quieren pasar, me aseguraré de que está invitado, que es bienvenido y que deseo su visita.
Este tipo ha despertado algo en mí que creí no recuperaría nunca. Puede que sea un personaje que pase por mi vida, como otros tantos, y no vuelva a ver. Pero, solo por la sensación que me devolvió ya estoy agradecida. 
Y es el momento. Es el momento de volver a escribir. Tras mis últimas letras con las que despedía 2015 me negué a mí misma escribir aquí hasta que no tuviese otro tono y otro discurso. No he dejado de hacerlo. Escribir, digo. He escrito en papelotes, en documentos de Word que se perderán en carpetas y he escrito cada día en mi cabeza. He juntado letras, he construido frases y he separado párrafos hasta llegar a contar una historia mental.
Le pregunté a Al si él escribía en su cabeza. Me respondió sorprendido que no y más sorprendida me quedé yo al saber que no todo el mundo lo hace. 
Vuelvo a escribir y aquí porque he repasado y releído algunos de mis antiguos Blogs. Lo he hecho y no he llorado, así que sé que estoy preparada. Al leerlos por fin ha venido a mí una certeza: Debo seguir escribiendo porque es lo que dejo de mí. Es mi esencia. 
Me da cierto reparo porque conozco perfectamente mis descuidos y fallos cuando expulso sentimientos a través de las letras: palabras sin sentido, acentos donde no van, comas y recomas inadecuadas, desorden gramatical y, horror, terror y coraje, fallos ortográficos. También manda huevos que a una disléxica se le ocurra estudiar periodismo y para más inri dedicarse a esto. Pero, francamente queridos míos, me comienza a resbalar. 

Voy a seguir escribiendo con los fallos incluidos. Esto es lo que soy. Perdonen mi ego, pero es que quiero dejar algo de mí en este mundo. Así que hasta que no pueda, no sepa, o mi futuro, espero que lejano, Alzheimer me impida expresar con letras escritas, a ser posible en algún soporte que no sea mi mente, seguiré haciéndolo. Y, además, seguiré mostrándolo. Por lo menos a los míos. 

También empiezo a estar preparada para hacer algunas llamadas pendientes a gente que quiero. Solo me queda el impulso y el momento adecuado. 

Hoy se lo dedico a la sugestión y a las letras. No sé qué haría sin ellas. 


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