Cinco meses y diez días en Kenia: en homenaje a nuestra gente de Kenia

He tardado mucho en volver desde mi último post, pero es que a veces no se escribe porque te haya abandonado la inspiración, a veces es porque es tanto lo que tienes que decir que el embotellamiento no te deja sacar las palabras.
Quería contar muchas cosas sobre Kenia antes de marcharnos. Las tenía apuntadas para que no se me olvidasen: ‘ los Matatu Matata’, ‘el beso de las jirafas’, ‘La muerte de Keko-keko’, ‘Kenia versus Kenia’, ‘Julio en Kenia’, ‘ Mi vida en Kenia’, ‘La marcha de Kenia’, ‘Los Safaris’, ‘Los proyectos futuros’, ‘Mi prima Marta, algún día en Kenia’…y ‘Gracias a nuestra gente de Kenia’.
No sé si en estos días de transición me dará por cumplir con los temas pendientes, pero el último no lo dejo en el tintero. Así que en homenaje a nuestra gente de Kenia.
Desde que llegamos a Kenia fuimos tropezando con todo tipo de gente, unos se convirtieron en nuestros amigos, cómplices, compañeros y, hasta en ocasiones, fueron familia. Ellos son los que nos han guiado en nuestro periplo por Kenia, los que nos han enseñado este país y con los que hemos vivido nuestros días aquí.
Esta vez digo los nombres completos: Empezando por Iñigo, nuestro compañero de casa, la primera persona que conocimos y la que nos introdujo en las leyendas de Kenia. Porque Iñigo sabe contar historias siempre con un punto novelístico. Ángeles, que fue el principio y el final de Kenia, una mujer enérgica y risueña que entraba y salía en casa como un huracán de buen rollo. Olatz y Francis, nuestros primeros amigos, con los que hicimos nuestra primera excursión, con los que conocimos a la gente turkana y el coraje de empezar de cero en una tierra como ésta. Olatz fue mi confidente y mi hombro en muchas ocasiones y Francis un compañero de aventuras para Julio. Nuria, todo corazón energía, valentía y determinación, ocupada como nadie pero siempre disponible para ti. Nuria nos ha obsequiado con una bolsita que contiene un mapa de Barcelona y sus llaves, por si necesitamos un hogar cuando lleguemos. Las mexicanas lindas: Marlene y Xochit, a las que se unieron Valeria y Rocío. Ellas fueron las que me dieron la riqueza de Kenia, las que me ofrecieron conocer Kibera, las que me llenaron el espíritu de amor limpio. Xochit es sabiduría, comprensión, cariño y de las mejores personas para las mejores charlas, y Marlene, no tengo palabras para expresar lo que ha sido Marlene para mí: mi maestra, mi amiga, también mi confidente, mi cómplice, mi alegría y mi sonrisa. Lo único que me quedó pendiente con Marlene fue una buena borrachera. Marta y Abdil, llegaron casi al final pero aportaron lo mejor de ellos desde el primer día: compañía, curiosidad, historias de mil mundos y amor, el que sienten entre ellos que contagia a todo el que les acompañe…
Raúl y Cristina. Nuestros enkerendes. Nuestro apoyo, nuestros oídos, nuestros consejos, nuestro respiro y nuestros amigos para siempre. Y ‘los safaris’. He dejado a los safaris para el final porque llegaron con más del meridiano de nuestra estancia aquí, pero supusieron todo desde que los conocimos. ‘Los safaris’ son aquel grupo de amigos incondicional con el que siempre cuentas para todo, con todo y en cualquier lugar. Son puertas de bienvenida, hogares que te recogen, ventanas que te dan aire. Los safaris son: Estefan y Delfín, él elegante, afable, cariñoso y siempre de buen talento; ella, siempre sonriente y responsable con el cuidado del mundo; Melissa y Rocío, madre e hija, acompañante de las cenas, dulzura con cierta melancolía, pero siempre con buena cara; Ash, Jonny y Oliver, madre, padre e hijo geniales en el triangulo y por separado que vivieron y viven una historia que merecería ser contada (si un día me dan permiso, me encantaría ser la narradora); Oscar y Clara, ¡madre mía que pareja!, positivos, animados, dulces y con su punto cómico (sobre todo por las cosas que les pasan aquí con un coche que yo me sé); Virginia y Javi: a la primera, lo sé, me pegaría como una lapa porque es de esas personas que nunca me aburría en una charla, y Javi es el primero que vio algo en nosotros que le mereció la pena, un truhán con un corazón enorme. Y, finalmente, Tony y Asha, el corazón y el alma de ‘los safaris’ que representan todo lo bueno de Kenia: experiencia, mucha experiencia, generosidad, cariño, hospitalidad, organización, planes, compañerismo, disfrute, viajes, amistad, cachondeo, alegría, diversión…Son los que pacientemente ven marchar a los amigos y los recogen en sus regresos. Son los que esperarnos encontrarnos en nuestra vuelta a Kenia…algún día. 
Y como esto lo escribo yo, para mí Kenia también ha sido Julio, mi compañero. A ti cariño, gracias amor por ofrecerme esta experiencia, por cuidarme, por soportarme y por resistir.
Todos sin excepción han creado nuestra vida en Kenia. Son los que nos hacen ver Kenia tal y como la hemos vivido, son los que nos han hecho querer Kenia y son por los que algún día volveremos a Kenia. 
Gracias a todos de corazón y hasta pronto. Allí dónde estemos siempre serán muy bienvenidos.
Hoy es nuestro último día en Kenia. Yo viví en Kenia 5 meses y 10 días. Julio, 5 meses y 17 días


Pd: Algún día este post llevará fotos…

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