4 meses y 7 días en Kenia: la lluvia anuncia el otoño

Cuando llegué a Nairobi se estaba terminando el invierno y ahora, a un mes de irnos, comienza el otoño. La temperatura sigue cálida, pero la lluvia indica que cambia el tiempo. Hoy Julio le ha preguntado a un ascari- así se llaman los guardas de las casas- cuándo terminarán las lluvias, y el hombre con su inseparable sonrisa nos ha afirmado que hasta junio veremos el cielo llorando sin tregua.
La lluvia a Nairobi le sienta bien porque asienta la tierra y su verde está más vivo, además, el aire se respira limpio y fresco. Así que ni tan mal, por el momento, porque si vamos a vivir todo el mes que nos queda aquí de lluvias, seguramente terminaremos desesperados.
En fin. Sin avisar, con las primeras lluvias ha llegado el preludio de las despedidas. El lunes fue la primera, la de Cristina, la Enkerende. Se va a Alicante por un mes y cuando vuelva nosotros ya no estaremos aquí. Raúl y Cris vinieron de Masai Mara en sus típicas visitas relámpagos antes de seguir camino hacia España y en ese momento nos dimos cuenta de que ya no nos volveremos a ver. Se me ocurre difícil pensar que no me encontraré otra vez con alguien que ha sido tan importante para mí en Kenia. Nos hemos prometido un rencuentro, pero lo que no sabemos es dónde será. Por suerte, Raúl viene sobre el veinte de abril, así que con él si haremos un festejo de hasta luego. Ya está planeando llamar a los ‘safaris’ y montar algo en Mara. 
Les he hablado de Cristina unas cuantas veces: la Enkerende, la mujer que pisó Kenia en su viaje de novios y decidió que aquí iba a vivir, la organizadora invisible, mi especial hiena, una mujer con irónico humor, con un gran sentido de la hospitalidad, sin ñoñerías, con toques ácidos que agradeces, con un gusto impecable, elegante y moderado, con una bondad inteligente y, con todo eso, una mujer discreta. Esa es mi amiga Cristina, la Enkerende.
A ha estado en casa por dos semanas porque comienza el principio del fin del proyecto de Julio. Ella fue la segunda persona que conocí cuando llegué a Nairobi. En nuestro primer encuentro venía a elegir oficina y, en este otro, regresaba para inaugurarla. 
A le llevé a Kibera con Marlene. Fuimos por uno de los caminos metidos en el slam. Uno de esos que muestran el corazón de la barriada: pequeño, con las casas chatarras juntas, con un desaguadero abierto entre ellas, con gallinas por el medio, con basura por todos lados, con un olor profundo pero no agradable, y con los pequeños How are you?. Cuando llegamos a la Misión sin darme la vuelta le pregunté que qué le había parecido el paseo. No me respondió y cuando le miré, le vi llorando. Eso me hizo pensar: ¿Por qué yo no lloré cuando visité por primera vez Kibera? Hoy nos hemos despedido de A, pero sabemos que el adiós es cortito porque la veremos en Barcelona.  

Por el momento se pausan las despedidas, pero estas dos, sobre todo la de Cristina, suponen el preámbulo de lo que se avecina y, la verdad, aunque estamos cansados y añoramos muchísimo nuestras tierras y nuestras gentes, me estoy haciendo una idea de lo que supondrá. Y es que Kenia no está a la vuelta de la esquina y esta gente, nuestra gente de Kenia, se queda en la tierra roja.
Noto que me estoy luciendo de melancolía. En fin, para cambiar de tema les contaré que en estos días, tras mi suceso Nairrobi, se ha ido apaciguando el miedo con la compañía de ‘los safaris’. Y es que se están convirtiendo en nuestros amigos incondicionales que siempre cuentan con nosotros.
Naivasha con ‘los safaris’, para reconciliarme con Kenia
Al fin de semana siguiente del robo nos invitaron a ir con ellos a Naivasha para recogernos en una casa cerca del lago. Nos pasamos los dos días en un mini paraíso exclusivo para nosotros, comiendo, jugando a las cartas, al domino- por cierto, Tony y yo somos la pareja invencible- oyendo música y charlando. También hice un paseo a caballo con Julio y Asha, que prácticamente me obligó a ir y se lo agradezco porque me encantó volver a montar a caballo –no lo hacía desde la Universidad-, y visitamos las granjas de flores.

La casa de Naivasha supuso para mí una reconciliación con Kenia tras el robo. Es un lugar mágico creado por diversas generaciones de ingleses, cuyo aire familiar impregnaba cada rincón de un hogar que bien podría formar parte de alguna novela de Isabel Allende. Hasta tiene un libro en el que cuentan año tras año la vida de la casa y el devenir de la familia que creció en ella. El primer día que llegamos, Asha leía cómo se construyó mientras los demás andábamos repantigados en los antiguos sillones. Yo me acomodé en los bancos de la ventana que mostraban la imagen del Lago Naivasha.  

A la vuelta, tras hacer una visita a los rosados flamencos de Kenia, nos volvimos a topar con la otra moneda del país: los espectaculares accidentes de la carretera. La de Naivasha me da especial miedo, y más de noche, porque nunca sabes cuándo un coche va a ir directo hacia ti. Son dos carriles con dos direcciones y los keniatas sienten un especial cariño a adelantar sin saber cómo.

Con ‘los safaris’ vamos seguros y tranquilos porque el sentido común impera al volante, pero eso no impide que nos topemos de golpe con accidentes impresionantes como el que presenciamos en la vuelta hacia Nairobi.
En esta ocasión, el conductor de un autobús lleno de gente hizo un movimiento brusco sin sentido y sin riesgo de antemano que obligó el vuelo del vehículo hasta que cayó de un costado. Julio, Tony y Jony se bajaron de los coches y las mujeres nos quedamos dentro por si con el barullo nos mangaban las propiedades. 
Muchísima gente acudía al autobús y mientras unos ayudaban a la gente atrapada, otros les robaban las pertenencias. La verdad, el fotograma no es fácil de entender: un coche de policía se paró justo delante de nosotros, el conductor se bajó, no se movió del sitio y con la misma se fue dejándonos atónitos; el cobrador del autobús pedía ayuda a gritos reconociendo que el conductor estaba borracho y Jonny sacó a un niño por una ventana mientras se manchaba de sangre, algo que nos puso nerviosos a todos. El resto del trayecto lo hicimos más prudentes, si cabe, y con cierto sabor agridulce. Ahí volvió mi sensación de que vivir en Nairobi no es fácil, nada fácil. Cuando llego a esta conclusión enseguida me viene a la mente la vida de Asha y Tony, que llevan más de una década aquí.
Los días han pasado desde el fin de semana de Naivasha y nosotros, con la compañía y los planes de ‘los safaris’, seguimos disfrutando de lo bueno del país: gente interesante, muy interesante, bailes sensuales,  buen humor, sonrisas abiertas, historias emotivas, lazos de amistad, vivencias únicas y una gran y desbordante sensación de estar exprimiendo la vida. Eso es lo que tiene la intensidad: dos caras.
Me equivoqué en el otro post. En realidad llevó 4 meses y 7 días en Kenia. Julio, 4 meses y 14 días.

Hoy mi beso va para A y, por supuesto, para Cristina ‘La Enkerende’. Buen viaje y hasta pronto.

6 comentarios

  1. idem…. sólo que a mí me recuerda que quiero tener esas vivencias!!!! Ya saben lo que opino de que se hayan ido a vivir semejante experiencia….me parece lo más. Estoy algo atrasada con tu blog Laurita, sigo sin parar….pero cada vez que lo leo flipo y te tengo que decir que cada vez expresas mejor lo que están viviendo. Te propongo que además de mis obras de 15 minutos, que se me ocurre que alguno podría ser desarrollada en Africa, pues es más original, deberías de escribir un libro, pues me apuesto lo que sea que Kenia te inspira al máximo….y como te queda un mes…..Temas que vienen ahora son. Por perder la cabeza y por diversión. El primero debe presentarse antes del 1 de Mayo y el otro antes del 1 de Junio. Si te ape y tienes tiempo. Y quiero monólogos de mujeres como me dijiste, que me voy a poner en ello Laurita!!!! como lo ves??Muaka muaka

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  2. Gracias chicas… Mapi, te prometo que me pondré a ello… pero, es que estoy tan cansada de escribir. Ja ja ja. Cada día pienso en una historia nueva para tus monólogos, pero no la materializo. De perder la cabeza sé mucho así que a ver si con esta me animo y monólogos de mujeres tengo todos los días… Besotes

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  3. Jo niños, qué penilla debe de dar dejar esa maravillaaaaaaaaaaaaa!! Pero recordad que aqui os estamos esperando con los brazos abiertos!!! besote enorme para los dos!!!eva

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  4. cariño! acabo de leer el post! no había tenido tiempo! dios! cómo os echo de menos! fueron solo 17 días pero taaaaaaan intensos! creo que aproveché cada segundo cómo si fuese el último! me quedan los recuerdos, las risas, los momentos de desesperación y la maravillosa compañía, pero sobre todo el consuelo de que muy prontito nos volveremos a ver y volveremos a compartir nuevas aventuras! muchos besitos cariño! acabo de leer el post! no había tenido tiempo! dios! cómo os echo de menos! fueron solo 17 días pero taaaaaaan intensos! creo que aproveché cada segundo cómo si fuese el último! me quedan los recuerdos, las risas, los momentos de desesperación y la maravillosa compañía, pero sobre todo el consuelo de que muy prontito nos volveremos a ver y volveremos a compartir nuevas aventuras! muchos besitos

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