123 días en Kenia: NAIRROBI

Un buen día en Kibera
No me he equivocado al escribir el nombre de la capital de Kenia. Es que así  la llaman los expatriados: Nairrobi, porque cuanto más tiempo pases aquí más probabilidades tienes para que te roben. Desde que llegamos oímos muchas historias sobre los ataques y robos de Nairobi, pero, afortunadamente, nos íbamos librando de ser uno de los protagonistas de esas historias. Unas son de chistes: vas en el coche, hablando por teléfono, con la ventanilla un poco bajada y, de repente, te encuentras charlando con tu mano. Otras, acojonan más: te sacan cuchillos, o te rajan el bolso, del lado que esté, eso no importa, y…  algunas ni las cuento.
Todos los que llevan tiempo aquí han vivido alguna que otra de estas experiencias. Eso te hace pensar porque en cualquier ciudad te pueden robar, en Madrid, en Barcelona, en Las Palmas de Gran Canaria… pero en estas ciudades, que te roben es como una lotería, te ha tocado porque tenías el boleto. En Nairobi, eres una diana porque eres blanco.
En fin. El sábado por la noche fui diana y blanco. Intentaré contarlo sin drama, tampoco lo hay. Simplemente fue un robo…doble. Más por mi estupidez que por la habilidad de los granujas.
Parte de ‘Los Safaris’
¿Se acuerdan de nuestros nuevos amigos? los ‘safaris’. Pues nos llamarón para ir a cenar y tomar algo por ahí el sábado por la noche. Pues guapos que vamos porque lo pasamos estupendo con ellos.
Casi siempre se va a todos los lados en coche, y más por la noche, porque un blanco que se precie no iría ni loco caminando por Nairobi de noche. Bueno, pues después de cenar en un tailandés, de ir a un local de indios a tomar algo y de cambiar a otro que está más de moda, ‘el Gypsy’, localizado en Westlands- una zona de bien con mucho muzungu por los alrededores- decidimos volver a mudarnos de sitio.
Como hay tanto coche, yo me fui de copiloto con Oscar y Julio con Stefan. Cogimos el coche y Julio me llamó para decirme que se habían parado en una gasolinera… Una que estaba justo enfrente de nosotros. Ahí me quedé hablando con mi mano… Me arrancaron el móvil por una rendija de la ventanilla. Desde que dije, ‘¡Ay! el cabrón se ha llevado el móvil’, Oscar, con el coche encendido, se bajó inmediatamente para ir por él. Grave error. Yo me bajé también… peor error. 
Lo siguiente fue muy rápido. Oscar y el manga móvil en la acera de enfrente, uno contra otro, como si de jugadores de Rugby se trataran, tanteándose, tambaleándose a un lado y  al otro, sin tocarse. Yo, junto al coche, gritando e indicando: ‘es ese,… es ese’, frente a cinco o seis tíos que me rodeaban…. Creo que en esos momentos me preguntaba, ‘¿pero, por qué coño me rodean estos tíos si el ladrón está en el otro lado?’

¡Madre mía!, cómo se puede ser tan tonta. Lo siguiente fue un manotazo de tres pares de narices en la cara que me tiró de bruces al suelo, lugar y  momento oportuno para arrancarme el bolso. Me levanté de golpe para ir hacia el coche mientras mi particular grupo de delincuentes corrían y se peleaban por mi bolso. Y es que faltaba el tercer pillaje, el coche, con llaves en contacto y encendido. Bueno, pues con éste no pudieron porque antes de que un tío se subiese al coche, arranqué las llaves del contacto.
Y ahí nos quedamos. Oscar en la acera de enfrente, viendo como una pandilla de adolescentes corrían y se despellejaban por el mini botín, y yo, sentada en una piedra, junto al coche, agarrada con una mano a un colgante de un exbolso y con la otra, a unas llaves de coche.
Tengo que decir que mucha gente se paró para preguntar, ‘después’, si necesitaba ayuda y si llamaban a la policía. Les dije que no, ¡Madre mía!, la policía no, por Dios. A los dos minutos llegaron Julio y todos los demás, siete personas nada más y nada menos. Me abracé a él y por consejo de los amigos nos esfumamos.
 
El día de la barbacoa de puros
El resto de la noche la pasamos entre conversación y conversación conociendo los robos que vivieron nuestros amigos en Nairrobi.  Llegamos a casa y Julio me mimó, me dio una sopita y me arropó.
Y, así es como fui bautizada en Nairrobi. Ahora intento que se me pase el miedo para seguir disfrutando de Kenia. Además, es fácil porque de todos y cada uno de los amigos que hemos hecho aquí he recibido cariños y mimos.  No sé si aprovecharme un poquito ¡eh!
Consejos para los visitantes de Nairrobi: No correr detrás de un móvil que te traiciona y se va con otra mano; no llevar en el bolso el DNI aunque sea lo más razonable; no llevar recuerdos tontos a los que tienes cariño, como por ejemplo: un llavero viajero de muchos sitios a dónde has ido, un espejo de París, una carterita de Estambul con 2.000 KES (20 euros), dos gafas de sol muy caras y tu  brillo de labios preferido. Total si nunca te acuerdas de ponértelo.
Hoy llevo tres 123 días en Kenia. Julio, 130.
Pd: La pasada noche, para montar el  caballo tras la caída, me he ido al cumpleaños de Asha solita.
PD: Las fotos de hoy divertidas para desdramatizar el tema.
Besos, abrazos y sonrisas a todos

3 comentarios

  1. Jo, Laura contado por ti no parece tanto, pero qué miedo, por favor. A mí ni sopa ni nada, habría necesitado dos cajas de valium por lo menos. Espero que sea la única \”anécdota\” de este tipo que tengas que contar. Bsss y cuídate mucho. Leila

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  2. Pues vaya…De todas formas tu vida vale mucho mas que todo eso, así que nada, que lo disfruten, porque en este tipo de paises la gente está un poco locuela y nunca se sabe como pueden reaccionar…Por otra parte, me mola un montón la primera foto y sobre todo el niño con la careta al revés, es buenísima

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  3. cariño! acabo de leer el post! no había tenido tiempo! dios! cómo os echo de menos! fueron solo 17 días pero taaaaaaan intensos! creo que aproveché cada segundo cómo si fuese el último! me quedan los recuerdos, las risas, los momentos de desesperación y la maravillosa compañía, pero sobre todo el consuelo de que muy prontito nos volveremos a ver y volveremos a compartir nuevas aventuras! muchos besitosA.

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