Dos meses y dos días en Kenia: En busca de leones

El objetivo de los días siguientes fue encontrar leones, así que el desayuno fue más corto y menos tranquilo, ya que estábamos decididos a salir temprano de safari para saludar a los leones. En uno de esos paseos-descubrimientos observamos una de las escenas más auténticas y sorprendentes del Masai Mara. Hubieron muchas más, muy sencillas, las que marcaron nuestra visita, que intentaré describir lo mejor posible. Yo las titularía: ‘Aquellos simples momentos que no olvidaré’.
El ‘cuidado’ de David
Uno de ellos: En esos viajes nos acompañaba el incondicional David- el avispado masai, enérgico, activo, resolutivo y con astuta mirada. Ya comenté que en nuestros safaris a veces conducía Raúl y otras David. Pues, en nuestras primeras incursiones por el Masai Mara, cada vez que íbamos a caer en algún profundo hoyo o en una embarrada charca, Raúl avisaba a los pasajeros con un ‘cuidado’. En poco, David aprendió la palabra bien rapidito y cada vez que tenía oportunidad la repetía. Pero no era igual al cuidado de Raúl, era un cuidado con pronunciada d y musical, algo así como: cuidaaad. Como me hubiera gustado grabarlo para que lo oyesen.
  
La desesperada búsqueda
Otro momento: la búsqueda de leones. Temprano, con los animales desperezándose, nosotros irrumpíamos con el 4×4 por los pequeños y bajos bosques dispersos por la tierra Masai en busca de los leones. Entrábamos en uno, todos mirando, buscando, observando las malezas, de izquierda a derecha. Irrumpíamos en otro, unos mirando a un lado, otros al otro, confundiendo rocas con la sombra de leones. Y, mientras andábamos en esa misión, aparecían, como para no desilusionarnos, elefantes, tic tics, mis queridos pumbas, alguna perdida gacela…
Los masais en el infinito
El siguiente: Una imagen repetida en las grandes extensiones del Masai Mara. Los solitarios masais caminando hacia el infinito. Íbamos en nuestro 4×4 en busca de animales y, de repente, te encontrabas a lo lejos, muy a lo lejos, un hombre caminando hacía un punto sin identificar, pausado, sin cambiar el ritmo, en mitad de la inmensidad. Otras veces, veías a una pequeña familia, con el mismo paso; alguna que otra vez, hallabas a una mujer con sus telares superpuestos de colores. Todos con sus características mantas a cuadros rojos. Los personajes variaban, pero la escena era la misma. Hombres, mujeres, y mujeres con niños, solitarios, caminando hacia un lugar muy lejano que no alcanzaba a divisar, en la mismísima Sabana, donde residían búfalos, ñus, leones, leopardos, guepardos, hipopótamos, cebras, jirafas…
Los brindis de Raúl
Más momentos: Los brindis de Raúl. Aquellos brindis, numerosos brindis que con socarronería comenzaban solemnes y terminaban como si de un chiste inglés se tratase: “Por los mejores amigos….y, por vosotros”.
Encontrándonos con la armonía de la naturaleza

El momento indescriptible: el que protagonizó nuestro amigo el guepardo. Nuevamente, y van tres, nos los volvimos a encontrar. Fuera broma, nos encontramos al guepardo de las manchas. Se ve que nos pasamos los safaris recorriendo su territorio. Pero éste fue el tropiezo más especial. Era temprano, muy de mañana, en una de esas madrugadoras horas en las que insistíamos con la búsqueda del león perdido, y ahí estaba nuestro amigo el guepardo –ya era tal la confianza que le llamé Jaimito porque me parecía bien travieso-. Jaimito estaba bajo la sombra de un árbol, tumbado, relajado, aunque de vez en cuando se pegaba un pequeño revolcón sobre sí mismo.

Es curioso, te encuentras un guepardo tres veces en la misma semana y ya empiezas a perderle respeto. Recuerdo que la primera vez que lo divisé, me refugie tras la ventana, agarrando el manillar por si le daba por saltar. En la tercera ocasión, me alongaba por el techo abierto del 4×4, que cada vez se acercaba más al animal….Pero, ese no fue el momento indescriptible.
Decía que ahí andaba el guepardo, tumbado bajo la sombra del árbol, mientras en la inmensa llanura, a su izquierda y bien cerquita, se encontraban manadas de impalas, gacelas, cuatro cebras, unos cuantos ñus. La imagen fue inolvidable, el silencio se palpaba, y los movimientos de unos y otros no se me olvidarán. Vamos a ver si consigo trasladar el momento: Miraba al guepardo, se tumbaba, levantaba la cabeza y echaba un vistazo hacia la izquierda, hacia ellos. Contemplaba a la variopinta manada, dos impalas en alerta, inmóviles, observando al depredador; las otras a su alrededor, y más allá, comiendo como si nada; las cuatro cebras, igual, dos de cara y dos de culo, las que vigilaban al animal, quietas; las otras, comiendo; Los ñus, lo mismo, unos de guardia y los otros a lo suyo. Volvía a observar al guepardo, parecía que se iba a levantar, se recostaba, se daba la vuelta juguetón, y vuelta a tumbarse. La imagen de la izquierda se repetía, algunos de los observadores incluso estaban más cerca; un impala levantaba la cabeza, dirigía la mirada al árbol y seguía comiendo. Fue sorprendente, fue mágico, fue descubrir lo que realmente es la naturaleza. En momentos deseaba que empezase la acción, que el gigante gato se levantase y corriese tras una estampida de presas. En otros, sólo quería seguir observando la rareza de la naturaleza en esa actitud de extraña convivencia.
Hola Julio
Una anécdota curiosa. En uno de nuestros caminos en busca de animales nos tropezamos con unos cuantos jeeps. De repente, de uno de ellos sale un efusivo y enérgico saludo que nos dejó a todos estupefactos. Ahí, en mitad del Masai Mara un negro saluda a Julio encantadísimo de volver a verlo: “Julio, Julio, eh, hola Julio”. Resulta que era uno de los primeros amigos con los que Julio entabló conversación cuando íbamos de camino a Enkerende. Nuestro conductor, el comelón de chucherías, con el que Julio se pasó todo el trayecto entre conversaciones y risas: Nick.
La seguridad de hallar el lugar
Las conversaciones fueron importantes en este viaje. Todas, pero sobre todo aquellas en las que conocimos mejor a nuestros nuevos amigos. Preguntamos de todo, preguntamos su historia, descubrimos que mientras intentan hacerse una vida, un hogar en mitad del Masai, también buscan la manera de ayudar a la gente masai, buscando recursos, ayuda y gente para proveerles de una escuela y un hospital. Nos encontramos con una pareja que un día, hace mucho tiempo, cayeron en Kenia y desde entonces supieron que allí querían vivir. Una pareja que encontró su lugar. No saben hasta cuándo, pero saben que ahora el Masai Mara es su lugar. Envidié la inspirada seguridad del momento en que Cristina se percató de eso: de que quería vivir en Kenia.
Van cuatro de cinco: Los rinocerontes

Y ahí va una sobre otro de los Grandes Cincos. Yo había oído que los rinocerontes estaban en peligro de extinción y que los tenían bien refugiados en una zona controlada y cerrada del Masai, por eso no esperaba encontrarnos con alguno así como si nada. Pero, en una de esas mañanas de búsqueda de leones, nos dirigimos cada vez más alto y más alto hacia un monte. No teníamos ni idea de a dónde íbamos, ni que íbamos a ver, así que la sorpresa, por lo menos para mí, fue monumental. Ahí estaban, en un claro del monte, junto a dos rangers, dos enormes, grandiosos rinocerontes, Adán y Eva. Míticos, calmados, pastando, con sus cuidadores al lado. Salimos del coche, nos acercamos con uno de los ranger como compañero, nos sacamos miles de fotos, nos apartamos de su camino en línea recta con cierto acojone, y…, cómo no, Julio entabló conversación con el ranger.

Cuando los planes cambian y no pasa nada:

Tras los rinocerontes, subimos al monte, donde estaba el pequeño refugio donde guardaban a los rinos para protegerlos de los cazadores furtivos. Allí, el coche se volvió a escoñar. Pero, no pasa nada, esa fue una oportunidad para más cachondeo, para que las chicas nos tumbásemos a la bartola-literal- para almorzar pequeños sándwiches acompañados de Tuskers, y para que Julio se irritase porque había tanto hombre bajo el coche- David, Raúl y Jacobo- que él no tenía hueco para volver a restregarse por el suelo.

La curiosidad de las jirafas

En todos los paseos que dimos nos encontramos muchísimas jirafas. Cada vez más cerca y más cerca. Son unos extraños personajes del Masai, ahí en su frágil inmensidad, a cada lado de la carretera, inmóviles, observando a los extraños. Tuvimos muchas oportunidades de estar muy próximas a ellas, de admirarlas bien de cerca. En una de esas ocasiones, en el día de los rinos, un masai del camp nos vino a rescatar con otro coche. Pues en el traslado de un jeep a otro, ahí nos quedamos, en mitad de la pista, con jirafas a cada lado, mirándonos. Nos ponen los ojos como si de humanos se trataran, con la misma curiosidad  con la que yo les miro a ellas, con indiscreción. Son bellísimas, sus caras y su mirada son el reflejo de la falta de maldad.

  
El walking safari

De los últimos momentos que cuento. El walking safari. Una tarde nos ofrecieron una caminata por las inmediaciones del camp, con un masai instructor que nos explicaría el uso de los árboles, las hierbas; a distinguir las diferentes heces de los animales, a conocer el complejo mundo de las termitas. Ahí andábamos en un agradable paseo, con las perras jugueteando con Keko-Keko a nuestro alrededor, o más bien viceversa; con el masai dando detalles de cada rama; con el askari a nuestras espaldas, a un lado, de frente… Llegamos hasta la zona de la Robinson Crusoe, ubicada en  un pequeño claro de un pequeño bosque. Un lugar en medio de la salvaje tierra, en donde habíamos imaginado pasar una noche Julio y yo. ¿Recuerdan en los principios que les conté como birlamos la tienda de los anfitriones para pasar una noche, mientras ellos iban a la tienda Robinson?, pues era esto. Da respeto, mucho respeto, tanto que ahí le pregunté a nuestro profesor que qué había que hacer si se te aparecía un depredador. En síntesis, no cruzarse en su camino, no mostrar miedo y pasar de largo. ¿Qué les parece? 

En ese paseo también aprendimos a utilizar el arco. Bueno, lo que se dice aprender, pues no mucho. Éste fue otro momento estelar, pero mejor lo aprecian en video, que estoy segura de que Julio lo va a insertar.
Y por último, quedó el final de nuestro agradable paseo, con la llegada de la noche y con la sorpresa que nos tenían preparada los enkerendes. Este momento, que me muero por contar, es el que no voy a desvelar, porque merece quedarse en el anonimato, como los grandes finales de grandes películas. Lo que sí les puedo decir es que yo, al ver el ambiente, la escena, la atmosfera, lloré de emoción y abracé agradecida por el momento-regalo a Raúl y a Cristina, inmejorables anfitriones.
¿Recuerdan los cinco grandes?:Leopardo, Elefante, Rinoceronte, Búfalo y León. Pues nos faltó el León. Sí señores, mira que buscamos y buscamos. Pues no aparecieron, y eso que dicen que el Masai Mara es tierra de leones. Yo quiero pensar que la naturaleza lo hizo intencionadamente para que nos viésemos en la obligación de volver.
¿Recuerdan el ‘cuidado’?. Pues, semanas más tarde, los enkerendes nos contaron que para el cumpleaños de Raúl se fueron con seis masais al monte de los rinocerontes a celebrar el día jugando al futbol. Dicen que los masais, los seis, se pasaron el trayecto diciendo el “cuidado”. Ese cuidado tan especial.

Hoy llevo 62 días en Kenia, Julio 69. En realidad el post es de los primeros días del año, así que en breve nos pondremos al día…

Hoy el recuerdo es para nuestros anfitriones, por hacernos pasar de los mejores momentos de nuestra estancia en Kenia. También para los catorce masais de Enkerende, los que nos dieron oportunidad de conocer su rica tierra.

7 comentarios

  1. Me ha encantado este post. deberían crear un club de fans del guepardo !es todo un personaje!. Pena lo de los otros \”gatos\” pero así hay excusa para volver. La envidia me corroe chicos. Bssss. Leila

    Me gusta

  2. Hola campeones! No me creo, vuelvo a repetir, no me creo, que el dotor y cabotudo de Julio no se metiera al final debajo del coche!!!, jajajaja! Ooooooyyyyyyeeeee queremos saber ese final de pelicula, por dios, decirnoslo o nos pegamos un tiro en la cabeza!!!!!!. No podeis dejarnos asi!!!!, no es bueno dejarnos asi!. Besos. Kiko y Rebe.

    Me gusta

  3. Hola niños!!!! Pues sí, parecía una busquereta intentando buscar un hueco donde tumbarme e intentar ver o participar en la reparación del coche. Y no podía!!! Entre el masai, Raúl y Jacobo no me dejaban hueco. Los nervios se me comían por dentro, jajaja.Bueno, a ver si en los próximos capítulos os enseñamos otro video de nuestra Robinsona de los Bosques.Besos a los dos

    Me gusta

  4. jijijijijijiji y que lo digas…Pues solo me queda ese carraspeo en la garganta que no se va ni para dios, por lo demás todo correcto…Intendando cuadrar las vacaciones, entre un concierto que quiero ir, los exámenes de ingles de la escuela de idiomas y que a Clara le viene mejor en junio…..así estamos.Al final vuelvo para Asia, nos vamos a Laos y Camboya y puede que pase por Singapur, que tengo a un amigo trabajando allí e igual voy un par de días a verlo.Esta es mi vida y así se la he contado jajajajajajajajajajajaSaludos para los dos.

    Me gusta

Responder a Anónimo Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s