45 días en Kenia: Y llegaron las Safaris

Hoy estoy realmente cansada, pero lo voy a intentar porque Enkerende, los enkerendes y los masais de Enkerende, lo merecen. Además, tocan los safaris, los únicos e irrepetibles safaris.

En realidad, en Enkerende cada momento fue único y distinto. Todos los desayunos eran especiales; los momentos muertos, necesarios; los gin tonic junto a la hoguera, únicos; las siestas, deliciosas, y las charlas, todas, hasta la más tonta, irrepetibles. Pero, desde luego que lo que no tuvieron desperdicios fueron los safaris.

Enkerende para nosotros solos

Enkerende se quedó solo para nosotros a partir del segundo día hasta nuestra marcha. Un pequeño paraíso exclusivo para cuatro amigos y otra pareja en camino de serlo: Julio y yo.

El día prometía sólo despertar. Disfrutamos de un largo, copioso y rico desayuno a la orilla del río y, entre charlita y charlita, esperamos a que nos organizasen la jornada. Desde luego que para Jacobo, Raquel, Julio y yo, Enkerende fue unas vacaciones de verdad, de esas que no se piensan, no se decide, no se elige. Pero supongo que Raúl y Cristina no comparten la misma opinión. En fin, algún día se les compensará, seguro, porque tarde o temprano recibes lo que das. Así que, enkerendes, si leen el blog, ya saben, no desespere…

Bueno, que estaba en el desayuno de Enkerende. De verdad que no me resisto a no contar qué desayunábamos: zumo natural, cada día diferente: mango, plátano, piña; trocitos de fruta; tostadas con mantequilla- me encantaba esa mantequilla-; huevos revueltos o en tortilla, con salchichas y beicon; tortitas con Nutela y café, pero no cualquier café, sino ese que no te pone nervioso. Ya saben ¿No?  Sé que enumerar qué desayunábamos es una chorrada, pero es que los disfruté tanto.

Julio bautiza a un masai: Nacho

Nos tomamos el día con calma. Julio iba y venía, aparecía y desaparecía, y volvía con alguna historia de un masai. En una de esas nos dice que ha bautizado a un masai. Es uno de los ascari, uno muy alto. Le pidió que le pusiese un nombre en español. A Julio le daba pudor elegir por él, así que  enumeró unos cuantos nombres y el masai optó por Nacho. Para mí que se apoderó del que le venía al pelo. Desde entonces, allí donde le veíamos, le llamábamos Nacho.

Mientras, las muzungas, cotilleábamos el campamento. Algo así como: aquí el salón, aquí los baños, pero en versión camp. Deambulábamos por ahí con Pepa, Mara y Keko-Keko jugando a nuestro alrededor. Pepa y Mara  son dos perras, según Raúl de raza masai, juguetonas, divertidas, cariñosas y traviesas. Se pasan el día retando a Keko- Keko y éste las vacila de mala manera, esquivándolas con sus saltos de 180 grados.

El primer safari: el leopardo y los barriales

En fin. Voy a lo importante. Pero aviso que, para mí, todo fue importante.  Ese fue el día de nuestro primer safari. En realidad, de mí primer safari, porque el resto de la comitiva ya había vivido alguna en su vida. Es una pena pero no recuerdo qué animal fue el primero que vimos. Los montes estaban llenos de manadas de todo. Ya los he nombrado y supongo que ya saben que animales habitan en la Reserva de Masai Mara ¿No?
L preparada para descubrirlo todo
Ahora pienso que esto de los safaris es más qué ver animales, es también la expectativa de si te encuentras alguno de los Cinco Grandes: Leopardo, León, Elefante, Búfalo y Rinoceronte. Cuando preguntábamos por alguno, Raúl decía en clave de humor y un poco socarrón: ¿A ver qué podemos hacer?, como si de él dependiese. Y sí que hizo, sí…

Ya pueden imaginar mi emoción, supongo que mayor que la de nadie, por ser la primeriza en esto de los safaris. Ahí, en medio del infinito, dando saltos, tumbos, inclinándonos, alongados al techo abierto del 4×4, mirando de un lado a otro, buscando entre matorrales, señalando un nuevo animal. A la derecha, jirafas; a la izquierda, una familia de pumbas; a todos los lados, cebras, gacelas, impalas…Les puedo asegurar que, cada día, en cada safari, descubrí un animal diferente. No nos faltó ninguno… Bueno, uno sí.

Ese día el protagonista fue el guepardo. Lo encontramos ganduleando en la hierba, con una barriguita sospechosa. Yo creía que era hembra y que estaba embarazada, pero no, lo que pasaba es que se había metido un buen festín. Allí nos quedamos en silencio, expectantes, admirando, sacando fotos y fotos, hasta que llegó el atardecer. 

Guepardo

Finalmente, el guepardo se cansó de nuestra compañía e ignorándonos, como sólo saben hacerlo los animales del Masai Mara, se marchó hacia los aislados bosques de la tierra.




Pues nada, como no había más que hacer, también era nuestra hora de irnos, igual que el guepardo y el sol, pero… Ahí comenzó otro de los grandes momentos de los safaris. Ese en el que la tierra te recuerda que no nos da la bienvenida a los muzungus en grandes coches. Y es que nos quedamos encajados en un barrizal. Les aseguro que lejos de preocuparme, para mí fue más emocionante si cabe, y para Julio, ni te cuento. 

David, el masai que si tiene paciencia será el hombre de confianza de los enkerende, si no lo es ya, es un acompañante perfecto para estos momentos. Y les aseguro que hubieron unos cuantos. Se sale del coche, con los pasos del guepardo cercanos todavía calientes, se pone con un tronco a sacar tierra, Raúl a forzar el coche, todos emocionados queriendo bajar, Julio que se tira al suelo para liberar la rueda, y yo, como una niña, feliz de la emoción. Una media horita de esfuerzo y salimos de ésta.

Primer atasco
 Ya la noche era cerrada. David conducía- los conductores son o Raúl o David- y, para animarnos más en nuestra emoción, se metía en los caminos más imposibles. Yo creo que buscaba un león, pero lo sé ahora tras un poquito de experiencia. Entre bosques, pistas imposibles. ¿Digo pistas?, ni pistas, ni leches: matorrales, hoyos, hoyuelos, hoyasos, socavones, seguimos nuestro camino hacia el campamento… Hasta que volvimos a caer. Esta vez el agujero era imposible y, tal como decía Cristina, ‘de ésta no salíamos.

Positivismo, positivismo

De verdad que la escena fue cómica: Raúl diciendo: ‘Cristina, positivismo’; Ella, saliendo y repitiendo: ‘Sí, positiva’, hasta que vio en lo que nos metimos e inmediatamente dice: ‘de ésta nos tienen que rescatar’; David, alejándose en la oscuridad; yo con dos cervezas en la mano – la de Julio y la mía- en mitad de la nada y con linterna en mano, mirando al negro, muy negro bosque; Julio colocando piedras bajo la rueda encajada, poniéndose perdido de barro; Raúl haciendo rugir el motor inútilmente; Jacobo diagnosticando el problema, y Raquel, con una cervecita y medio cuerpo por fuera del techo del coche.
Para no aburrirles, finalmente sí que salimos. David no nos abandonó, como yo creía en un principio, sino que se fue al bosque a buscar una rama. La cortó con su machete y la utilizó como palanca. Del momento muestro foto porque realmente aquí una imagen vale más que mil palabras.

Segundo atasco
Llegamos al campamento y disfrutamos de una estupenda charla frente a la hoguera con la que Raquel y yo aprendimos a saber no hacer nada. Cenamos otra estupenda cena, cuyo menú nos recitaba disciplinada y seriamente un joven masai, y nos fuimos a nuestras estupendas, románticas y acogedoras tiendas, junto al río Mara.

Hoy llevo 45 días en Kenia. Julio, 52.

Ayer conocí a dos jóvenes cooperantes de la iglesia Guadalupe de México, que llevan años trabajando con la gente de Kibera- si han visto ‘El jardinero fiel’ sabrán a qué zona me refiero. Ya les hablaré de ellas, porque las experiencias que cuentan no tienen desperdicios.

Hoy Kenia está revuelta. Las elecciones están lejanas, pero la gente ya se empieza a poner nerviosa y se oyen rumores de atentados. Tranquilos con nosotros, nos avisan de todo y no salimos de casa.

Hoy seguimos echando de menos Enkerende.

Hoy me encantaría ver la carilla de Zanahorio, el peque de Ara.

En cuanto a las palabras suajili y masais. ¡Venga, hombre!, que escribir un blog ya es un esfuerzo. Si en realidad no recuerdo ni una. Siempre las miro en el traductor de google. 

4 comentarios

  1. Emocionante de verdad…Parece que los animales te \”hacen el favor\” dejándose ver y sacar fotos. Mucho cuidado en Nairobi chicos. Bsssssssssssss a montones.Leila

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  2. Bueno…mola ir de safari sin salir de casa… no nos queda otra a los que no estamos allí…aguantarnos jejejeje.Bueno pues voy a intentar daros un poco de envidia también…aquí empezando a preparar las vacaciones de este año, ale………Por cierto feliz año y todo eso, que he estado unos días de fiesta.

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