39 días en Kenia: Enkerende, ‘ entre montañas’

Me voy a aturullar, sé que me voy a aturullar porque es tanto lo que hemos vivido, es tanto lo que hemos sentido, y es tanto lo que quiero contar que, seguro, me voy a aturullar. 
Se los adelanté hace unos días, ¿recuerdan? Les comenté que pasaríamos el fin de año en un campamento de Masai Mara. De ese chico, Raúl, un ex- informático que, por casualidad o destino- destino según él, se tropezó con Julio nada más llegar a Kenia y, como si de un chispazo se tratará, surgió tan buena sintonía que, seguro, ante nosotros se cuece una larga amistad. 
Pues eso. Llegó el día y nos preparamos para irnos al Masai Mara, a Enkerende, a ‘Entre Montañas’. Ese es el nombre del campamento de Raúl y Cristina,dos alicantinos que dejaron su tierra para crear un hogar. Ya son muchos los que han hablado de su campamento, de su dulzura, de su idílica ubicación, de su armoniosa disposición. Miquel Silvestre, Alicia Sornosa, otros tantos periodistas y, yo creo, que cualquiera que tropieza con Enkerende y junta palabras, hace mención al campamento, siempre buena, excelente. 
Yo no voy a repetir lo que otros describen tan bien, yo no voy a detallar el campamento como si de un panfleto publicitario se tratará. Yo les voy a contar lo que me sale de las entrañas, lo que nos salió de las entrañas a Julio a y mí. Yo voy a intentar trasladar a nuestros amigos nuestra experiencia, nuestra vivencia, que llegó a la perfección en pureza, realidad, generosidad, simpatía, curiosidad… Y me voy a deleitar, así que poquito a poco y empezando por el principio. Si no termino hoy, que seguro que no, pues seguiré mañana, y al otro día, más, hasta que lo escupa todo, que es mucho: 
La llegada, la bienvenida del ‘hombre del cuchillo’, los sinceros abrazos de encuentros, la vieja masai (Coco) dando cariño con dulces gestos a Cristina, el camino, el largo camino, tortuoso, incompresible camino entre grandes extensiones dibujadas por Disney, las noches frente a la hoguera, los desayunos en el Mara, el confort de la tienda, la bolsa de agua caliente que me trasladó a los cuidados de mi abuela, los masais, la sonrisa de los masais, el baile de los masais, el canto de los masais, el mimo de los masais, el mimo de Raúl y Cristina hacia los masais, Julio con los masais, los abrazos de los masais, la complicidad de los amigos, las charlas de las ‘hienas’: Cristina y Raquel, la bondad de Jacobo, los estupendos, acojonantes y divertidos encallados del 4×4, como si de un barco se tratase; la pasión de Raúl, sus historias, la energía contenida de Cristina, su perfección en la organización disimulada, el paisaje, su inmensidad, y ellos: los hipos, los leopardos, las jirafas, las diferentes gacelas, los pumbas, los dic-dic, el rino, los ñuz, los búfalos…, Mara y Pepa, las perras de los Enkerende, y Keko-Keko, la huerfana gacela thompson que Raúl y Cristina han adoptado. Pero, habrán otras cosas que no cuente, porque yo ahora, como Julio hizo conmigo, no quiero que sepan más de lo que deban para que algún día con sus ojos puedan descubrir por primera vez el mundo de Cristina y Raúl. También porque en eso radica la magia de estos alicantinos, en sorpresas que no pienso desvelar. 
Por eso, por aumentar la sorpresa, Julio me tenía prohibido buscar cualquier tipo de información sobre Enkerende -se lo agradezco-  así que hasta hoy no me he metido en su enkerendesafaris y tampoco he leído lo que otros han escrito del campamento. Miento un poco porque echo vistazos entre líneas. Pero, no quiero decir nada que haya dicho otro y si me repito será por casualidad… o por destino. 
Por el principio…

El principio comienza con ellos, con Raúl y Cristina. Los artífices de todo, los inventores de un lugar especial, los modernos masais-muzugus, los creadores de Enkerende. Una pareja tan mágica como el sitio que han creado: Su hogar y su vida, una vida en la que muchos nos entrometemos, en la que entramos por unas puertas abiertas de par en par, y de la que con gusto no nos moveríamos, para observar y admirar como crece Enkerende. Así que, ya lo tienen claro, Enkerende, en Ol Choro Oirowua, no es sólo un campamento con safaris, Enkerende es Raúl y Cristina y su vida en el Masai Mara.
Raúl hizo lo posible para que pudiéramos ir a su ‘casa’ intentando evitar que nos gastásemos una pasta por el camino. Es sabido por todos que los Safaris suponen una buena inversión, y después de vivirlo, francamente, no me extraña, porque por la fortuna de estar tan cerca de los organizadores, podemos imaginar lo costoso que es mantener un ‘hogar’ así. 
Bueno, el caso es que él lo planeo todo: ”se vienen en la vanette, que recoge a mi mujer y a mis mejores amigos recién llegados de España y pasan los últimos días del año con nosotros”. Pues ni cortos ni perezosos, nos levantamos a las cuatro de la mañana para encontrarnos con unos cansados pero, desde el primer minuto, sonrientes desconocidos: Cristina, Raquel y Jacobo. Y así, de un golpe, nos metimos de lleno en las íntimas navidades de una pequeña familia- porque saben que la familia a veces no proviene de la sangre- una encantadora familia. 
Y comenzó nuestro camino hacia el Masai Mara por una carretera de infarto, estrecha, bellísima en ocasiones, jodida, en otras. La carretera del impresionante Valle del Rift. Tras unas seis horas de camino, con amanecida incluida y de acompañamiento un paisaje que ya empieza a ser familiar, pasamos el último pueblo grande- Narok– que lleva a la Reserva y los parques de Masai Mara, para adentrarnos en una pista dibujada con tantos baches, agujeros, piedras, charcos sin fin,  y rocas que para el visitante novato -o sea yo- ya producía bastante impresión. Yo no sé si alguna vez, en alguno de los saltos sin conocido equilibrio del coche, Cristina se asustó. Para ella la prioridad era mostrar tranquilidad y así lo hizo durante todo el camino. Mientras, Raquel no nos dejaba comer los caramelos que llevábamos porque eran para los niños que corrían junto a la pista para recibir a los muzungus. Jacobo se mantenía jodidamente incómodo en mi sitio para que yo pudiese calmar mis nervios con un cigarrito junto a su ventana, y Julio conversaba, conversaba y conversaba, entre risas y preguntas a Nick, el conductor. Ahí Julio ya se creó fama entre la pequeña familia alicantina. Y la verdad, no exageraban, porque no paró de charlar con cualquier masai o keniato que se encontraba por el camino. 
Llegamos. Pero no al campamento. Raúl tenía trabajo. Un grupo de iranies que disfrutaban de su último día de Safari. Así que fuimos a su encuentro al pueblo de la zona, Aitong. En realidad, yo no aprecié ninguna estructura que dibujase un pueblo tal y como lo conocemos. Yo lo que me encontré es con el alma de África de golpe: El pueblo masai en un día de mercado. Ahí en medio de la sabana, de grandes extensiones de terreno, entre pasto, ganado, monos, caminos desteñidos, niños sueltos y dispersos, plantaron el mercado, adornado con el multicolor de los masais, de sus sonidos, de su bullicio, de sus traqueteo, y entre landrovers, landcruisers, quads, puestos improvisados, vendedores y vendedoras ambulantes, entre todos aparece el más sucio de los Raules con la más fascinante de las sonrisas y con un cuchillo en la cintura. Nos daba la bienvenida ‘el hombre de los cuchillos’. 
Julio y yo, en la medida que pudimos, a veces sin éxito, nos hicimos a un ladito para respetar el reencuentro. Los besos y abrazos de añoranza de Cristina y Raúl, que hacía un mes que no se veían; los sinceros y felices abrazos de los cuatro amigos; el reencuentro de Cristina con David, el masai que se ha ganado la confianza de los Enkerendes, la acaricia de la vieja masai en la mejilla de Cristina, llena de pendientes, abalorios, telares. La Tursker de respiro- la cerveza de allí- y vuelta al coche para trasladarnos al Camp. 
Mi primer contacto con la Sabana, un leopardo colgado de una rama de una árbol, mientras que su presa muerta, un pobre impala, esperaba acomodado en otra superior. Sorpresa, cierto temor y mucha, pero mucha emoción. No tenía ni idea de lo que los siguientes días me tenían preparado.
Llegamos a Enkerende, a su camino de entrada, a su arco de ramas secas, a la bienvenida masai, a los cantos que te llevan a cierto trance, a los saltos, a los grandes saltos que Julio dice, con cierta ingenuidad y mucho humor, llega a superar, y llegamos a los apretados, fuertes y emotivos saludos de mano. 
LLegamos a una aventura, la nuestra, la de Julio y la mía, la que me enamoró hasta las trancas, la que Raúl y Cristina, con esfuerzo, sangre y lágrimas- como dicen los Enkerendes- desean enseñar a todo aquel que desee aprender.

Queda mucho por contar y no dejaré de hacerlo hasta que los recuerdos estén toitos detallados. Espero haber empezado bien y que el aturulle me haya dejado mostrar aunque sea una pizca de lo que vivimos.
Hoy hace 39 días que estoy en Kenia. Julio lleva 46. Ya estamos profundamente contagiados del mal de África
Hoy a todos, un beso enorme. A todos los tuvimos en mente y con todos nos hubiese gustado vivir nuestra llegada a Enkerende.

8 comentarios

  1. Vaya experiencia!! Qué viaje!! Qué flipe amorsete!Qué suerte tenéis!!!Pero va a ser que Julio tiene razón y salta más que los autóctonos según la foto. Vaya, vaya.. que éste se nos queda ahí saltando como Tarzán!

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  2. Me encantaaaaaaaaaaaaaa! estaba preocupada por no saber de ti, pero ya veo que estás muy bien y viviendo cosas inolvidables. La foto con la gacela es preciosa Laura. feliz año 2012!Bssssleila

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  3. RATITA DIJO: que guapos estais, que bonito todo, me encanta que lo esteis pasando tan bien, menuda aventura!!! un besazo enorme desde Madrid que se os echa muuuucho mucchooo muuuuchoooo de menos, millones de besos!!! Esta tarde recojo a la mariquita enana…… 😉

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  4. Hola Chicos!. Lauri, no te aturulles, despacio, con relax, que aqui estamos para seguiros pasito a pasito. Anda que, menudo fin de año, no?. Que guay. Tener cuidado con el Mal de Africa, que yo conozco a alguien muy muy cercano que lo padece. Bueno, que cojones, a la mierda, no tengais cuidado, VIVA EL MAL DE AFRICA Y A DISFRUTARLO!!!!. Besos de Kiko y Rebe.

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  5. Pero qué bien describes, lástima que no oigamos el acento canario 😉 En las fotos se os ve encantados. Qué raro que Julio hable con todo el que pilla por delante, ese titi con don de gentes!Besos y abrazos!

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  6. Chic@s como nos gustaría vivirlo con todos ustedes… Pero, como no puede ser, je je je… pues sigo contando. Besos, abrazos y sonrisas para todosPd: Ay! Leila que no te haya visto en más de un año y que sigas aquí conmigo… Qué especial, qué lindo.

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  7. Laura! que maravilla! me pierdo leyéndote, me transporto.. y cada vez tengo mas ganas de estar ahí de nuevo con ustedes, aunque sea en Nairobi, aunque no pueda vivir esas maravillosas aventuras… me siguen retrasando el viaje,…pero pronto estaré ahí de nuevo…me muero de ganas de verles y celebrar el año nuevo juntos aunque sea con retraso! besotes y feliz año! porque que este será un GRAN año!

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