19 días en Kenia: el español que moriría feliz

Cada día me levanto más temprano. Creo que ya estoy cogiendo el ritmo de este país. Cuanto antes te levantes, más horas de día aprovechas. Y, teniendo en cuenta que cuando se hace de noche es casi imposible caminar por las calles- posible es, pero no aconsejable- pues mejor. ¿No?. 
En estos días no hemos hecho nada especial… o sí. No porque no hemos conocido nada nuevo, ni nos hemos movido mucho, y sí porque seguimos tropezando con gente como si Nairobi fuese un Facebook presencial. ‘Hazte amigo de….’
El martes, tras mi duro día de trabajo, conseguí mover a I y a Julio y nos fuimos a tomar unos vinitos. Fuimos a un local muy cerca de casa y, como casi  a todos los que voy, éste era: abierto, con un gran jardín y meses de terraza, buena música, espaciosos, pequeños salones privados… muy chic. Estuvimos de charlita un ratito y comimos unas samosas -de verdad que el gusto que le estoy cogiendo a estas empanadillas es un problema-. O sea un día tranquilo, pero ya el miércoles fue otra cosa. 
El sitio oficial de los europeos: Casablanca
Julio quedó para cenar con Raúl, un tío con el que conectó estupendamente desde el primer día que le conoció. Es un español que vino a instalarse a Kenia con su mujer, Cristina, para montar una Safari en la zona de Masai Mara. Fuimos al Casablanca que, por cierto, cada día me gusta más. El restaurante es delicioso, exquisito, elegante y con muy buen gusto- a Conrado le encantaría-. 
Bueno, que con paso rápido llegó Raúl y se sentó a la mesa.  Es un chico como familiar, como si lo conocieras de toda la vida,  resuelto, amable, con risa fácil y con una conversación interesante y fluida. Es curioso, aquí todo el mundo tiene tanto que contar que los silencios no existen, todo el mundo se atropella en las palabras o deja pendiente alguna aventura relacionada con el tema. Prácticamente es imposible meter baza. Todo es interesante, todo es curioso, y una aventura es mejor que la otra. 
Les voy a contar cosas de Raúl, o de lo poco que recuerdo de lo mucho que hablamos, porque no tiene desperdicio. Raúl es un chico que va p’ los cuarenta. En España era informático de multinacionales hasta que un buen día, según su frase, decidió hacer lo que quería porque ‘vida sólo hay una’. Dejó su trabajo y montó una agencia de viajes, después vendió la mayoría de sus acciones y poco más de hace un año se vino a Kenia con su mujer para rehacer su vida aquí. Dice que si hoy muriera en Kenia, lo haría feliz.
El Mal de África
Ya les hablé de él, del mal de África. Ese virus que se mete en el cuerpo y que te obliga a quedarte en la tierra negra de por vida. Pues bien, Raúl está contagiado hasta la médula. Vino a Kenia hace doce años con el viaje de novios. Desde entonces no dejó de visitar el país, y ahora, finalmente, es un keniato o keniano. 
Mientras nos atropellábamos con las palabras, Raúl iba respondiendo a casi todas mis preguntas -una larga e interminable lista de interrogantes: ¿Cómo viniste? ¿Y tú mujer qué pensaba? ¿Qué dices de una escuela…?Mientras nos contaba, respondía a teléfonos e intentaba solucionar lo de un camión que se había atascado en mitad del Masai en plena noche y rodeado de leones. Estaba esperando por un tractor, pero las historias aquí son tan de cómic, que el tío estaba seguro que pasaría algo inexplicable con el remolque. Además, estaba preocupado porque tenía a dos masais junto al camión y no quería que pasasen la noche allí porque unos leones en esta semana habían roto el brazo a uno y a otro le habían abierto la cabeza. Todo con unos zarpazos. 
Y es que Raúl vive con los masais. Él y su mujer se integran en la comunidad, intentan montar una escuela para ellos y ven el fútbol con los hombres de la tribu. Le llaman Pápa. Contó muchas anécdotas sobre ellos, su manera de actuar, de pensar, su inocencia y su limpieza de alma… Está claro que está tan enamorados de esta etnia como de su mujer. 
En fin, les cuento esto porque quería compartir con ustedes este momento. Porque todos nos hemos planteado que ‘vida sólo hay una’ y que hay que vivirla como uno quiera’. Pues, bien, Raúl sabe cómo quiere hacerlo y, es más, lo está haciendo. Ese es el problema, muchos somos plenamente conscientes de que vida sólo hay una, pero no tenemos ni idea que cómo queremos vivirla. Dice que es duro, muy duro, pero, añade que no lo cambia por nada. 
Les contaré muchas más cosas de Raúl porque pasaremos la Navidad con él, en su Paraíso. 
Por cierto, los dueños de Casablanca son italianos. El caso es que uno de ellos se acercó a nuestra mesa porque conoce muy bien a Raúl y con su chachará comentó que se había traído dos paellas para empezar a ofrecer paella y arroz negro. Que se va a traer a un cocinero de Madrid con su familia para que les enseñe a hacer el plato valenciano…. Por supuesto, yo metí baza en la conversación y le dije que no se tenía que traer a un madrileño, cuando tenía un valenciano en su mesa… En definitiva, para no aburrir, el  día 23 comemos en petit comite paella en Casablanca elaborada por un autentico valenciano ¿Adivinan? …. Julio todavía me está rezongando por la movida en la que le he metido. 
Es increíble. No hay fotos de Casablanca en Internet. Tendré que sacarlas yo o mi fotógrafo partícular: Julio 
Este fin de semana, por fin, espero, vamos a Karen. 
Palabras: Puff, no hago más que oír palabras en swahili. Venga dos sencillitas: Ndiyo- Sí- Hapana-No-
Hoy llevo 19 día en Kenia. Julio, 28 y ya va a hacer una paella en Nairobi
Ratita mil besos. Kiko, mil, mil felicidades 

3 comentarios

  1. Eva, esta niña me mete en cada fregao que ni te cuento. Yo tranquilito en la mesa, esperando mi chuletita, cuando ni corta ni perezosa me lanzó al abismo. Pensé.., bueno, si nos invita a cenar igual me tiro al ruedo, pero nooooo, acabamos de cenar, me pidió el teléfono, me dio la mano y encima puso fecha. Grrrrrr. Bueno, para pasar el día no esta mal, le haré como a Miguel, me quedaré mirando y que la haga él. Un besote guapa

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  2. joooo, que bueno, la verdad es que tiene gracia, las paellas nunca fallan, as;i que ya os podeis esmerar, pero os va a quedar fenomenal, que pena, yo no voy a poder ir…Mini

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