Desaparecer

Que bien te sienta la ruptura porque estas más guapa’. Le miré fijamente y como respuesta le ofrecí una mueca. ‘No. No va a volver, yo no lo haría nunca’. Al recibir ese ¿consuelo? Me apeteció extender la mano hasta el dolor y darle tal guantazo que imaginaba lanzarlo por la barandilla. No lo hice. En su lugar miraba al de la solemne frase que hace una semana me aconsejaba follarme a otro. ‘Inténtalo si quieres, pero empieza a hacer tu vida’. Inmediatamente, los ojos se me empañaron y me negué rotundamente. Me fui a los diez minutos.

‘Tranquila….conmigo’. He hecho caso omiso a otros malditos consejos que he escuchado en estos días. Pero, ése no lo he podido eludir. ‘Tranquila…conmigo’.
Así que la mejor manera de luchar resulta que es estar tranquila con él. Y, para mí estar tranquila con él es desaparecer.
Culpa y rabia, culpa y rabia se alternan caprichosamente en mi mente. Culpa y rabia. Culpa, conmigo. Por flojear, por permitirlo, por permitírmelo. Rabia con él, por forzarme tanto tiempo hasta llegar a flojear, permitirlo, permitírmelo.
Otra frase que he escuchado en estos días y me taladra. ‘No importa cuánto tiempo te hayas esforzado, lo que importa son los últimos días’. Otra verdad como un templo.
‘Esto te hará aprender’. No, ya lo aprendí hace tiempo y es una lección que no me gusta. Que no me parece compasiva con la humanidad. A veces lo he expresado, con otras palabras, con otras reflexiones, muchas, poco entendibles. No importa tus esfuerzos, tu dedicación incondicional, tus desvelos, tu empeño. No importa el tiempo que inviertas con alguien o con algo. Veinte años y flojeas…lo jodes y no hay marcha atrás; Tres años y flojeas…lo jodes y no hay nuevos intentos; un año y medio y flojeas…lo jodes y no se puede enderezar. Esa es la lección: no importa lo que hagas, si al final, lo jodes, con eso te quedas, con una gran jodienda. Bonita lección.
‘Te hará más fuerte’. Y yo me pregunto ¿más fuerte para qué? Para cuando alguien se esfuerce y, a pesar de su empeño, no corresponderle o, peor, hacerlo cuando ya no tiene fuerza para ti. Para cuando alguien la joda, dar la vuelta y largarme. Para dejar de tener compasión, tolerancia, generosidad y comprensión. En fin, supongo que debe ser así. La fortaleza significa dar pasos acojonada, temerosa, con la firmeza de que te van a joder y que no tienes que permitirlo. Con la certeza de que lo van a joder y con la expectativa de que cuando lo hagan, tienes que tener la fuerza para mandar a la mierda todo y no dar más oportunidades. Porque eso, señores y señoras, es ser fuerte. Así que lección aprendida. Entonces, vamos a comenzar a caminar dándole la espalda a todo el que flojea porque está muy cansado de caminar y no sabe o no puede retomar el paso, porque ha corrido mucho y no tiene aliento.
Todas estas solemnes frases me las han expulsados hombres. Las mujeres son más positivas. Me pregunto: ¿Cómo sería Madrid si los hombres pensasen como las mujeres y viceversa?.
Últimamente, Madrid sin Amor está cargado de virus. Soy mujer, así que con aires positivos espero encontrar antídotos.

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